Las cosas no andan bien y las encuestas no ayudan. Se utiliza el relato por encima de la acción política. Lo peor es que en esa estrategia se ponen en juego aspectos muy delicados para los ciudadanos. El aumento de las pensiones, las ayudas al transporte y las partidas para compensar a los afectados por la dana son los más importantes. Todo eso, a lo que llaman escudo social, viene lastrado por cuestiones de dudosa urgencia, como un supuesto caso de memoria democrática y otras propuestas ideológicas. Pero lo más grave es la reacción prepotente al anunciar que se mantendrá el decreto ómnibus rechazado y que volverá al Congreso en las mismas condiciones, buscando para ello los votos que están bajo las piedras. Si con esto se pretende corregir la tendencia a la baja, ahora entre Sumar y el PSOE pierden más de 30 escaños, lo más probable es que ésta aumente. La gente no es tonta y sabe cuáles son las pretensiones de cada uno, a pesar de que los intenten hacer pasar por demonios. Estamos ante el rechazo a lo manifestado por la voluntad formada en un órgano colegiado, intentando subvertirla como se hace en los tribunales cambiando el sentido de las sentencias al alterar la proporción de los jueces que intervienen en ellas. La formación de la voluntad de un órgano colegiado es uno de los pilares fundamentales de su buen funcionamiento. Una vez votado un acuerdo, se convierte en ejecutivo y obliga a las partes, tanto a quienes lo votaron como a los que no, a su estricto cumplimiento. Lo que no es de recibo es negar el acuerdo desde el primer momento en que se adopta e intentar cambiar su sentido removiendo los votos. Esto sería explicable si no fuera la consecuencia de un acto de soberbia, porque los que han rechazado el acuerdo han manifestado en qué forma están dispuestos a aceptarlo. Pero aquí parece que conviene el empecinamiento de ganar un relato que tiene muy pocos visos de ser aceptado por la ciudadanía.
Máxime cuando El País ha publicado un editorial en este sentido y el resto de la prensa libre no está por la labor de admitir este trágala sin más. Se equivoca Pedro Sánchez demostrando que no tiene nada en la recámara que sea medianamente convincente. Ahora aprovechará el órdago de Trump para abanderar la resistencia a aumentar el gasto militar, aunque esto nos cueste soportar algunas sanciones vía aranceles. Ya se oyen voces en este sentido en algunos medios de comunicación cercanos a la causa. Volveremos al No a la Guerra que le dio sus frutos a Zapatero. El problema es que estas cosas se hacen desde la oposición y no desde el Gobierno. La oposición no tiene responsabilidad en los asuntos de defensa, como tampoco la tiene en la política fiscal y sus singularidades, ni siquiera en el tema de la subida de las pensiones. Esas son competencias exclusivas del Ejecutivo, que tiene que buscar la forma de sacarlas adelante. El juego democrático es así. Luego está el relato y la unanimidad en el discurso por parte de los ministros, pero esto no significa nada a la hora de convencer a la gente de la calle. Aquí de lo que se trata es de vender al animal completo, con sus huesos, el pellejo, las vísceras y las pezuñas, cuando el ama de casa lo que quiere es llevarse un bistec. Para eso están los comercios dedicados a la casquería, que también tienen su clientela, diferente de la otra.
