En La clase de griego, el profesor coreano se enfrenta a una avanzada ceguera mientras enseña a sus alumnos, entre ellos una joven muda, la lengua de Platón. Ambos se observan calladamente. Él teme el día que se quede completamente ciego y ella lo ha perdido todo, hasta la custodia de su hijo, además del lenguaje. Son dos vidas que buscan salvarse entre la oscuridad y el silencio.
La novela de Han Kang nos sumerge en circunstancias que requieren una exquisita delicadeza. Es muy fácil herir a las personas con discapacidad mediante una decisión que pudiera resultar desacertada. En Tenerife, somos testigos de un caso que ha exigido una rápida actuación institucional.
Ya sé que este mundo se está convirtiendo en un terreno abonado a la exclusión y el apartamiento, y que pronto podrá ser una norma de conducta en lo privado y lo público. Las redes sociales ya lo han hecho en otros casos con alevosía, faltando al respeto a personas con discapacidad, y ya parece abierta la veda a clamorosas injusticias. Las modas no se refieren únicamente al estilo de vida y de vestir, también a la manera de comportarnos con nuestros semejantes. Y estos no son buenos tiempos para la empatía y la solidaridad.
La noticia que contó DIARIO DE AVISOS acerca de Uxía García, una maestra de 28 años apartada de su empleo por tener una discapacidad visual, causa repulsa desde el sentido común, como me consta se la produjo al exdiputado del Común Rafael Yanes por sus repercusiones en la integración laboral de un colectivo humano esencial.
Por suerte, se ha visto compensada con la vuelta a su puesto de trabajo, a la espera de una resolución definitiva. La consejería de Educación del Gobierno canario ha terciado con tacto en un asunto que, a priori, nos deja perplejos.
La maestra, natural de A Coruña, podrá seguir dando clase en Tenerife, en la plaza que ganó en una oposición de especialista de Pedagogía Terapéutica. La medida es cautelar en tanto no haya un pronunciamiento definitivo, tras ser recurrido el informe negativo de evaluación médica o mediante una resolución judicial. Hasta entonces, seguirá ejerciendo en prácticas y, una vez restablecidos sus derechos, podrá incorporarse como funcionaria de carrera.
Lo que aporta el arbitraje de la consejería readmitiendo a la docente es, a bote pronto, un gesto de cordura en medio de un procedimiento desconcertante. La vida normativa, tildada de burocracia, a veces resulta perturbadora.
La maestra, que abandonó Galicia para ocupar la plaza en Tenerife junto a su marido, previa excedencia, y un hijo, se vio a los pocos meses en el paro y sin ingresos tras ser declarada “no apta” por el tribunal médico, en contraste con informes favorables de la inspección educativa y del centro.
La retinosis pigmentaria de Uxía le ocasiona, al parecer, un 60% de discapacidad visual nocturna. De día, su problema no le impide hacer una vida normal, ni criar a su hijo de dos años ni dar clase a estudiantes con dificultades de aprendizaje. Platón sostenía que la enseñanza trata de que los niños vuelvan la “mirada de sus almas” hacia el bien y la verdad, usando la herramienta del juego. En este caso, lo que se pone en cuestión es la validez de la mirada de la docente y si con ella se ha actuado bien y ajustándose a la verdad.
En la ONCE consideran que estamos ante una palmaria discriminación. Alguien sugirió en la evaluación médica que podría darse el riesgo de que un niño se precipitara por la ventana del aula sin que la maestra se percatara, a lo que ella aclaró, no sin asombro por la conjetura, que “las ventanas tienen barrote”. Pero es que todo es muy esperpéntico en esta historia.
