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La penúltima maldad de Sánchez

El problema es que la dinámica política y social española nos ha llevado a una situación sin precedentes en los Estados de nuestra tradición cultural: los perdedores de la última guerra civil han terminado por ganarla y los vencedores la han perdido. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo se ha producido esta inversión social y política tan peligrosa y este fracaso de la Transición? La circunstancia determinante ha sido la incapacidad de la derecha democrática española y de sus mediocres dirigentes -a pesar de Díaz Ayuso- de articular una alternativa ganadora a la demagogia y la irresponsabilidad de los que ahora nos gobiernan. Y la puntilla final ha sido la incapacidad de separarse de -y de enfrentarse a- Vox, una rémora mortal responsable de la derrota electoral de julio pasado que tiene secuestrados a los populares y que, de no ser neutralizada, le asegurará a Pedro Sánchez muchos años en La Moncloa por el temor generalizado a un Gobierno con Vox en la vicepresidencia.
Hemos de reconocer que Pedro Sánchez une a sus cualidades de político implacable que todo lo sacrifica a conseguir y conservar el poder una notable buena suerte. Porque tiene que hacer frente a una oposición sin rumbo liderada por un Núñez Feijóo cuya autoridad en el partido es más que débil. Es ridículo oírle decir muy serio estupideces tales como que Sánchez será responsable ante la Historia. El adjetivo patético resulta insuficiente para describir el desastre; un desastre que ni siquiera la presidenta madrileña parece poder arreglar.

Por si fuera poco, la miseria moral y la infamia de Mazón destruyen también la credibilidad de su partido, y es seguro que hace a muchos de sus electores arrepentirse de lo que votaron en las últimas elecciones. Ese es el cálculo de Sánchez, que ha dejado a Mazón hundirse solo, sin declarar el estado de alarma y la emergencia nacional. Los valencianos no deben olvidarlo, pero son demasiados secuestros para una pobre oposición.

Sánchez se está preparando para una larga permanencia en el poder del Gobierno y del partido, y ha comenzado por purgar a los secretarios generales autonómicos que no son de su absoluta confianza, aunque con Page no puede aún. Está creando así una guardia pretoriana incondicional de ministros o exministros secretarios generales territoriales que le aseguran un total control político de todos los ámbitos del poder. La guardia pretoriana protegía a los emperadores romanos, pero también los deponía o eliminaba cuando sus intereses no coincidían, pero el presidente no corre peligro: es capaz de pactar con unos y justamente lo contrario con otros, y todo al mismo tiempo.

En cuanto al término ómnibus, como sinónimo de autobús o de la voz canaria guagua, no es de uso frecuente en el español europeo y más propio del español americano. Pero claro, un Decreto-Ley autobús no sonaba bien. Se trata de una técnica legislativa similar a las leyes de acompañamiento a la Leyes de Presupuestos, que adolece de un cierto déficit democrático porque une en un solo instrumento legislativo varias leyes que no tienen nada en común y obliga a votarlas conjuntamente, en bloque. Ha sido la penúltima jugarreta de Sánchez a los populares, una maldad que les ha obligado a votar en contra de medidas sociales que comparten y apoyan. Todavía se está riendo.