Qué duda cabe que el avistamiento del famoso pez diablo negro cerca de la costa de Tenerife, siendo un engendro de cine de terror que sólo habita en las profundidades, cuyo vídeo ha dado la vuelta al mundo (esa frase hecha que ni pintada), es la noticia de mayor impacto que se recuerda por estos lares, donde lo que más vende en el zoco del morbo (la lepra digital) suelen ser los volcanes en erupción, y aquí hemos despachado lo nuestro.
Es posible que este vídeo de un fotógrafo marino que estaba de campaña con un grupo de biólogos haya sido nuestro hit viral por excelencia en Internet, que es ese mundo paralelo, o el mundo oficial, mejor dicho (la vieja realidad ya pasó a un segundo plano). Iba por más de 100 millones de visualizaciones sólo en la cuenta en TikTok de David Jara, el fotógrafo que filmó a este pez que no se dejaba ver y al que perseguía la mala fama como al demonio de Tasmania. Para estas cosas somos muy noveleros, o vemos al monstruo del lago Ness en Escocia o al pez diablo negro en aguas de Guía de Isora.
Alec Baldwin no se pudo contener y pinchó para ver el vídeo en Instagram, donde el actor marcado por un trágico rodaje ya es uno de los nuevos seguidores de Jara, que iba en una expedición protiburones pelágicos con la oenegé Condrik-Tenerife y se encontró al diablo por el camino.
No me cabe la menor duda de la repercusión del hallazgo, cerca de la playa de San Juan, del bicho que se escondía en las aguas abisales como las catacumbas del fantasma de la ópera. Hasta podría tratarse de su primer avistamiento con vida en el mundo.
A su enorme boca de dientes punzantes, un pez francamente malencarado, se debe su aterradora reputación, si se le graba un primer plano. Ya en Buscando a Nemo llamó la atención por su argucia para cazar con ayuda del truco de la bioluminescencia (la luz con la que atrae a sus presas). Pero cuando se descubre que sólo mide escasos centímetros, se desinfla el mito. En la isla se le rescató con vida y murió a continuación. Había llegado casi a la superficie sin fuerzas, o por razones de salud o porque huía de algún depredador que conocía su verdadera condición, que en el océano se sabe todo.
Hay muchas lecciones que extraer de este caso. La primera es que la historia del pez feo, de tamaño ridículo, en efecto, una vez en la palma de la mano, desmonta la estrategia del acojono, ese truco del almendruco que está de moda. En las vitrinas del Museo de la Naturaleza y la Arqueología de Tenerife, cuando sea expuesto, no dejará de ser objeto de la curiosidad de propios y extraños. Chiquito pero matón.
Google mantuvo la alarma apocalíptica con el vídeo del demonio de los mares hallado en Tenerife hasta que fue evidente que era un renacuajo y no se podía seguir tomando el pelo a la gente. Creo que es también el primer fracaso mundial de un bulo insostenible. Valga el precedente.
Demos la enhorabuena a los científicos por su exitoso scoop y por el ejército de hinchas que les secundan ahora en las redes y les van a reportar, a buen seguro, algunos fondos extras para seguir investigando. Tenerife ha estado en boca del globo, y la historia acabó teniendo un final tierno.
Sin embargo, el episodio ilustra a las claras el filón de este horribilismo de las redes que impregna la vida cotidiana. Ha ocurrido con el pez de marras y otro tanto sucede con el asteroide que amenaza(ba) con impactar con la Tierra, y hasta con las Islas llegó a especularse. Se volvió tan viral y tremebundo que ha sembrado miedo físico. Como no puede ser de otra manera cuando te imaginas como un dinosaurio con fecha de extinción el 22 de diciembre de 2032.
Y así hemos vivido estas últimas semanas con el miedo en el cuerpo, haciendo planes imaginarios de mudanza si no quedaba otra, inventando soluciones de ricos como búnkeres subterráneos y demás histerias. Hasta que ahora se nos deja caer desde las altas instancias de la NASA y la ESA que quizá no era para tanto y la roca parece que no tiene previsto darse un salto por aquí y estamparse en las narices del planeta. Le están pasando el muerto a la Luna, como destino alternativo de la autolisis del asteroide.
Nos tienen en vilo con la maldita colisión y ahora nos dicen que nos relajemos, que han ajustado los cálculos, y el riesgo ya es mínimo y está a punto de ser cero patatero. El asteroide y el pez diablo, tal para cual. Nos la colaron por partida doble.
