Fue compañero de profesión de quien escribe desde el año 1981 en la Facultad de Filología de la ULL. Venía de Barcelona, donde había estudiado y defendido su tesis doctoral sobre el gran Alonso Quesada. Y desde entonces desarrolló su alta labor de enseñante hasta los 71 años con la jubilación, o lo que es lo mismo, uno menos antes de su muerte. Su carrera fue prolífica hasta alcanzar el grado de catedrático de Literatura Española. He de referir que no siempre coincidíamos en ideas o en los miramientos de la crítica, él encerrado en lo seguro y en lo antiguo, yo más dado a lo cercano y lo novedoso. Pero ocurrió. Estimó ser poeta y lo logró. Eso hizo que diera a la estampa en el año 1978 un libro de espléndida edición, de esas que sabía componer Llibres del Mall, un libro que se llamó Clima. Ahí leí lo que en verdad Andrés Sánchez Robayna fue y el autor por el que me interesé. Porque ese libro ha ocupado muchas horas de mi vida, lo he leído y disfrutado bastante y lo volveré a leer. Andrés Sánchez Robayna me interesó por ser un poeta de la isla, frente a los poetas que diagramaron profusamente la insularidad, como Alonso Quesada, Pedro García Cabrera o Rafael Arozarena; ahí el sustento de la condición en su actualidad, el encierro, el abismo continental, los cardos que la bordean o la isla que lleva y trae. No está ahí, en Clima, esa condición; se encuentra el enhiesto paisaje, la cosa que es, la luz, el aire, los árboles que la particularizan y el acontecer. Escritura precisa, concisa y espléndida. En esa trama, Sánchez Robayna construyó artilugios que no siempre interpreté bien, como la suma que se contrapone a la resta de poetas en algunas de las antologías que montó. Ahora bien, en la instancia de esta persona se aúne una de las actitudes que todos los escritores de Canarias habríamos de corresponder: su trabajo por estar en el lugar en el que debía de estar para dar a conocer sus libros en competencia. Eso consiguió como pocos de los nuestros, acaso JJ Armas Marcelo. Y lo acreditó; un verdadero poeta profesional que como ello se manifestaba en su rigor. Y eso da sentido a su deriva, aunque aquí (por lo general) no se opere convenientemente. Por ejemplo, la lista del Premio Canarias de Literatura. No está Félix Casanova de Ayala porque, a pesar de ser uno de los mejores poetas del idioma, políticamente no convenía; no está el mejor novelista de los 70, JJ Armas Marcelo; no está el singular Juan Pedro Castañeda; y no está uno de los mejores poetas canarios y de su época que es Andrés Sánchez Robayna. Eso queda, se dirá, eso nos señala y nos condiciona. Es decir, a pesar de las miserias, ahí no se encuentra Andrés Sánchez Robayna, que sobrevivirá. Descanse en paz.
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