Atribuir a la inmigración el origen de todos los males de las islas es, cuando menos, un disparate. De hecho, atacar al inmigrante, aunque casi no llegue a pisar tierra firme en Canarias, sí que es un elemento muy rentable políticamente.
Que la llegada masiva de personas a nuestras costas es ya un problema cronificado, nadie lo duda, pues de los cientos que arribaron a nuestras tierras hace unos 30 años, andamos ya superando la cifra de los 50.000. Este dato es muy similar al que cada año atiende, de media, la ONG Sonrisas Canarias, entre familias de Tenerife con necesidades básicas (otro problema grave y sin solución).
El archipiélago recibió en 2024 a 46.843 personas por vía marítima, el 17,4% más que los 39.910 de 2023. Las llegadas en el conjunto de España sumaron 63.970, con un alza del 12,5% respecto a las 56.852 de 2023. Este dato supera el máximo de 54.703 personas llegadas por mar de 2018. El PIB de Canarias creció por encima de la media nacional en el cuarto trimestre de 2024, un 4,2% en su tasa interanual.
Visto este último dato, me pregunto sí, realmente, vale la pena seguir defendiendo posturas que sitúan a muchos al borde del racismo. Se escucha con frecuencia a algunas personas de Canarias diciendo que toda esta inmigración viene a llevarse la comida de sus hijos, pero hay que recordar que este fenómeno se inició el 28 de agosto de 1994, con la primera llegada de dos personas migrantes en patera a Canarias.
Desde entonces, hace ya 31 años, que se dice pronto, esta situación no ha hecho más que empeorar, con un flujo de personas que ha ido creciendo de manera exponencial y que ha venido aparejado también de la adaptación de las mafias para llevar hasta nuestras costas a más embarcaciones, con más capacidad y en un mayor número.
Es cierto, los niños e hijas de canarios y canarias han comido algo peor y menos que desde ese momento, pero también bajó su nivel y calidad de alimentación años después, con la crisis económica de 2008, que aún sigue golpeando. Cientos de miles de paisanos entraron en las listas de la miseria y la pobreza, actualmente el 31,8%, según datos de Cáritas.
En todos estos años no ha habido una reacción en contra de esta realidad; ni ha habido una protesta masiva por cómo han vivido en los últimos años nuestros abuelos, únicos artífices del milagro que ha salvado a miles y miles de familias con sus escasas pensiones. Sin embargo, cada vez que llega una patera o un cayuco, hay mucha gente que reprocha que a estas personas se les cubra con un manta, con algo de apoyo, comida y ropa.
Es vergonzoso que en nuestra sociedad se responsabilice de todo al más débil, al que solo nos pide apoyo para que Canarias sea lugar de paso a otros destinos. El inmigrante, solo tiene la culpa de sufrir más cada día, de ser más pobre cada día, de tener menos esperanza cada día.
Hace unos días, en El Hierro, observé a un grupo de algo más de cien chicos, todos aparentemente menores que, ordenadamente y resignados se dirigían al barco que los llevaría a Tenerife, a otra escala de su aventura con más racismo e incomprensión.
Cómo ha bajado nuestra calidad democrática y cómo se ha incrementado el odio al diferente, con la ayuda de los medios de comunicación y las redes sociales.
Este es un problema importado y también interno. En el segundo caso es, básicamente, otro problema político que no nos deja avanzar y, en las islas, a más de 2.000 kilómetros del continente europeo, no se recibe ni la ayuda ni el respaldo moral necesario. Otras comunidades autónomas rompen el principio de solidaridad y es cierto que nos dejan solos ante problemas graves como el destino que hay que dar a más de 4.000 menores que han llegado hasta aquí por este procedimiento.
Si una vez más le echamos la culpa a quienes desembarcan en nuestras playas, no hemos entendido ni aprendido nada, pues estas personas no son más que una consecuencia de la inestabilidad de sus países de origen, con los que, los países del sistema al que pertenecemos no han sabido o no han querido buscar una solución.
La política, siempre la política, esa es la que nos marca nuestra forma de pensar y vivir, y ahora lo hace más que nunca. El Gobierno, que se apoya en diferentes partidos e ideologías, lleva años sin resolver el problema que sufre Canarias con los menos no acompañados. Ha habido acuerdo con Junts para que, por medio de un decreto, de manera solidaria, las comunidades asuman la carga que sufren las islas en la actualidad. Siempre hay un pero, el PP, que en Valencia ha pactado con VOX (que todos sabemos cuál es su forma de pensar sobre los inmigrantes) y que dicen que no asumen ese cupo. Tampoco está decidido el partido, según algunos de sus principales representantes, a echarnos una mano a los canarios, y eso que uno de los suyos, Manuel Domínguez (vicepresidente regional), dentro del Gobierno de Fernando Clavijo (CC), quien viene pidiendo a gritos un sistema que permita aliviar la asistencia de estos chicos.
Son solo un puñado de chicos por comunidad autónoma, mediante una acogida con dotación económica, de los más de 4.000 que están ahora hacinados en centros de Canarias. No solo está sordo Domínguez.
El más débil siempre es el que se sube a la patera.
