El tutorial de la comisaria europea de Gestión de Crisis muestra con elegancia y soltura cómo procurarnos un kit de supervivencia para resistir 72 horas a una guerra, un desastre natural o una ráfaga de ciberataques.
Hadja Lahbib, belga de origen argelino, experiodista de televisión, es una mujer habituada a las cámaras. Y se ha convertido en la musa del vídeo viral del kit, como Trump y Putin son las estampitas de la guerra.
Los milmillonarios en EE.UU. (incluidos Musk y Zuckerberg) sólo piensan en tener un búnker antinuclear a mano. En Europa, se disparará el negocio de las armas y de los búnkeres, y volverá la mili obligatoria. Si las bombas colapsan internet (el gran apagón), siempre tendremos el transistor, además del pack de agua, víveres, medicamentos, linterna y algo de dinero en efectivo. El móvil, es su talón de Aquiles, no está a prueba de apocalipsis.
Esta distopía (palabra de Fundeu 2025, al tiempo) no entraba en nuestros cálculos para el año en curso. Nos habíamos preparado (raro sinónimo de rearme, por las quejas de Sánchez y Meloni) para un año de paz. Se acabarían las guerras de Ucrania y Gaza. A la chita callando, Ruanda y Congo firmaron un alto el fuego el otro día sin tanto ditirambo.
Pero lo de Gaza se ha descuajeringado desde que llegó Trump, el falso pacifista que iba a terminar con los conflictos del mundo en un cuarto de hora. El tal Netanyahu ha hecho buena la orden de detención contra él de la Corte Penal Internacional. Y el otro garrulo, el ruso, también perseguido por la CPI, atemoriza a Europa y da largas a Ucrania. Con Trump no se sabe cuándo miente y cuándo dice la verdad, de ahí que amenace con sanciones a Rusia por dilación en el acuerdo y nadie le crea.
El videoclip es afable y aterrador, porque la comisaria hasta bromea con lo que lleva en el bolso (un kit a lo canario circula por las redes con rancho, queso, gofio, plátanos, papas y mojo picón). ¿En verdad nos están mentalizando para una guerra o éste es el año de los inocentes?
Ya puestos, pongamos el dedo en la llaga. ¿Las campanas que tocan a rebato en la Europa continental tienen en cuenta a los canarios de verdad? Porque aquí abajo la cosa es más compleja. ¿Cuánto tiempo se sospecha que podríamos resistir las Islas en caso de refriega? ¿Semanas, días…? Los seminarios cívico-militares de los años 70 y 80 abordaban la cuestión, teniendo en cuenta el aislamiento y la dependencia de los transportes marítimos.
Hoy habría que añadir fundadas dudas sobre si el paraguas de la OTAN nos protege taxativamente y si la OTAN misma sigue cien por cien operativa, con el americano en entredicho. Tampoco está claro si la Estrategia de Defensa de la UE frente a la amenaza rusa contempla los peligros que se ciernen sobre Canarias, en el llamado Flanco Sur, o se agota en el Este de Europa. La desidia de la derecha a convenir un pacto de defensa con el Gobierno ahonda el desánimo. Prefiere negociar con la cúpula militar, como si éste no fuera un sistema parlamentario.
En tan sólo tres meses, a 2025 ya se le ve el plumero. Del bledo de la paz al kit de la guerra, ahí es nada. Trump sólo piensa en sacar tajada de los cementerios de Gaza y Ucrania. Abandona Europa, corre contra reloj por miedo a la bancarrota de su país, anuncia para mañana un terremoto de aranceles contra todo el mundo (The Big One) y, espoleado por el síndrome Biden, ya propugna su candidatura para un ilegal tercer mandato en 2028, que, según dice, tiene truco.
La edad no perdona; a punto de cumplir 79, la prisa le ciega y negocia con la paz y con las vidas humanas. ¿Qué fue del sueño americano? Ahora los científicos quieren emigrar a España (la de la fuga de talentos), porque EE.UU. se ha vuelto una cacocracia y temen al fascismo.
Cercada por los buitres, Europa busca armarse como sea y aguantar hasta que escampe y vengan líderes decentes. En España, la izquierda de la izquierda reniega de este pálpito militarista. Quizá les asista parte de razón, pero los tiempos no engañan, que los árboles no nos impidan ver el bosque.
La de sonrisitas concupiscentes que se prodigaron cuando ganó Trump a Kamala Harris. Aquella ingenua aversión a los progresistas, del centroderecha a la ultraderecha, hizo creer que el mesías americano teñiría el mundo de mileis. Algunos fans, los menos obnubilados, ya desertan del ídolo con tupé.
Ahora quiere Groenlandia a toda costa. “Si Dinamarca y la Unión Europea no lo entienden, se lo tendremos que explicar”, ha dicho con la modestia que le caracteriza. ¿Y quién puede esperar de un Trump invasor que nos salve de Putin, su espejo?
