Por Carlos Acosta
Me ha escrito una universitaria, llamada Milagros de los Ángeles, para exponerme un problemilla. Afirma que ella suele decir algunas veces “apetezco ahora un cortadito” y otras veces “me apetece ahora un cortadito”. Lo que extraña a la señorita Milagros es por qué rara circunstancia el sujeto de la primera oración es el pronombre personal yo, aquí elidido, mientras la palabra cortadito es complemento directo. Y, sin embargo, en la segunda frase el sujeto es “cortadito”, que era el complemento directo en la oración primera. Me decía también la señorita Milagros que hay frases y palabras con las que ella no comulga porque les suenan muy mal aun siendo correctas. Yo estoy en el mismo caso. Recuerdo que un día, al leer la palabra “sastra”, me quedé un tanto preocupado. Y resulta que tal palabra fue utilizada nada menos que por don Elio Antonio de Nebrija, autor de la primera Gramática Española, allá por 1492. Me ha sorprendido también, y mucho, que los señores académicos empleen la voz “cualesquiera” en situaciones que a mí me parecen fuera de tono. Buscaba yo en el DRAE la palabra “canga” por motivos que no vienen al caso, y se dice allí lo siguiente: “Yunta de cualesquiera animales, excepto bueyes”. La frase me suena horrorosamente. Y, sin embargo, es una expresión correcta, aunque eso de “cualesquiera animales” me huele a cuerno quemado. Después de escribir estos comentarios no sé hasta dónde llegarán los de la señorita Milagros de los Ángeles, en el supuesto de que se le ocurra leerme. En este mundo ya todo es posible. O casi todo.

