Melody ha quedado antepenúltima en Eurovisión, dos puestos menos que la representante española del año pasado. Israel ha vuelto a obtener la segunda plaza del concurso de canciones. Alguien ve política en esto y se habla de libertad de expresión cuando en TVE se exhibe un texto, previo a la actuación de este país, que dice: “Frente a los derechos humanos el silencio no es una opción. Paz y Justicia para Palestina”. Esto ocurre después de la advertencia de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) a TVE de abstenerse de comentarios políticos. Otra vez la realidad se impone en el televoto, aquel que no está en manos de los jurados, que le ha dado 12 puntos a Israel y 10 a Ucrania, denotando así por donde marchan las preferencias populares ajenas a las consignas políticas, o quien sabe si como respuesta a éstas. Solo han pasado dos jornadas de que el presidente Sánchez se ha dirigido a la Corte Penal Internacional para pedir que se condene al Gobierno de Netanyahu por genocidio, y los ministros del Gabinete de Moncloa no se cortan un pelo al utilizar esa palabra, sean del signo que sean. Estamos inmersos en un conflicto diplomático con ese país, a contrapelo de lo que se dice en Europa, de la que estamos cada vez más lejos. Ya no nos llaman para mediar en los asuntos de paz, y nos vemos en el rincón desde el que se lanza el córner y sin balón. Pese a todo, desde aquí se asegura que se buscarán votos debajo de las piedras y que se sudará la camiseta jugando partido a partido. Con Eurovisión no salen los números. Ni con Eurovisión ni con ninguna otra cosa. Cómo se le habrá quedado el cuerpo a Macron después de comprobar que no hemos sido capaces de sacar adelante un tratado de amistad. No tiene nada de extraño. Hace tiempo que no nos ajunta. Ahora las cosas de comer las llevan entre Francia, Alemania, Polonia y el Reino Unido. A pesar de todo, Albares asegura que nuestro prestigio internacional es irresistible. Ayer domingo, por ejemplo, estaba la proclamación de León XIV en Roma. Era una gran oportunidad para que nuestro presidente se viera las caras con los demás mandatarios que asistieron al acto, pero prefiere seguir en su cuarentena particular. El último mensaje filtrado de Ábalos es una conversación con Zapatero donde éste le habla de su amistad entrañable con Delcy Rodríguez. Ese es el mundo que preferimos frecuentar, el del alcalde de Marinaleda con la palestina al cuello asaltando supermercados. Que conste que no tengo nada en contra de ese señor, pero sí distingo lo que es una acción moderada de Gobierno de seguir el sendero de las cabras, que siempre tiran al monte. Otra vez Eurovisión, Melody no tiene culpa de nada. Me cae bien Melody. Se repite la historia, y, a pesar de que la televisión nos inunda diariamente con las imágenes de Al-Yazira sobre Gaza, el pueblo se decanta por la canción del genocida. Yo que tú, me lo haría mirar.
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