tribuna

Una consulta pública para la OPA

Entiendo que Sánchez haya optado por una solución salomónica en el caso de la OPA del BBVA al Sabadell. Realmente se encuentra entre dos fuegos que provienen de dos de los más importantes bastones que dispone para gobernar. El País Vasco, por un lado, y Cataluña, por el otro. Es difícil salir de este atolladero, por eso decide hacer una consulta pública. ¿Qué quiere decir esto? ¿Acaso se trata de un referéndum? Creo que pretende asimilarlo al proceso de información pública al que son sometidas ciertas normas, donde los supuestamente afectados tienen el derecho a presentar sus alegaciones, que actúan como el anuncio anticipado de un recurso contencioso administrativo.

Está entonces claro que aquí no opera el número de reclamaciones sino la adecuación jurídica de las mismas. También parece oportuno pensar que la resolución administrativa no es suficiente porque al final queda la vía judicial. Entonces cabe sospechar que esta operación es solo dilatoria, una patada a seguir ante un problema que se le presenta como de compromiso después de la resolución de Competencia. Hay que exhibir cierta neutralidad, pero todo es apariencia, porque aquí se inicia un trámite que no tiene la solución en las manos de sus actores. Téngase en cuenta que se anuncia desde una reunión económica en Barcelona. No se puede poner en una balanza los posibles apoyos a una fusión contra los rechazos. Es necesario que cada una de las alegaciones estén motivadas y contengan el apoyo jurídico imprescindible para ser aceptadas. Este es el requisito primordial en una consulta pública. Si no, estaremos a otra cosa. No dudo que el ministro Cuerpo está imbuido de esta idea elemental. Por tanto esta operación consiste en una maniobra para ganar tiempo, como todo lo que intenta este Gobierno para prolongar una situación de perenne incertidumbre. He leído en la prensa que es la primera vez que se recurre a este procedimiento para actuaciones similares. No importa. No se puede negar que es una innovación más, una salida a un cerco provocado por la debilidad de un equilibrio desequilibrante. Dos tendencias independentistas con vínculos económicos extraordinarios se enfrentan en una divergencia que puede afectar a sus territorios, y el árbitro tiene que resolver sin que se note que favorece a una frente a la otra. Esto, en sí mismo, es insólito, y viene a demostrar que en el escenario político de permanente confrontación cualquier cosa puede ocurrir, igual que la fragmentación en la izquierda a la izquierda del PSOE, que siempre ha estado arrancándose los hígados, como si fueran una tribu africana. Con los nacionalismos sucede lo mismo, por eso cuando les tocan el bolsillo las prioridades pasan inmediatamente a ser otras y dejan de compartir el interés común de destruir al Estado.