Se habla de Tran en las islas Maldivas y más en su capital, Malé. En las islas Galápagos las correrías de Tran Tran ya son parte integral de la tradición oral; sus lapidarias frases y cabriolas impregnan el plumaje vistoso de las aves darwinianas, las iguanas se pasean erguidas y orgullosas ante la presencia de este encuentro festivo. Tran inunda las redes sociales e incendia todas las columnas jónicas y dóricas. Todas las columnas, todas, de todos los periódicos del mundo hablan de él. Sé, porque me lo han dicho, que es la comidilla incesante en todas las tertulias habidas y por haber en la radio, en las televisiones de pago y en las otras, en los baretos de mala muerte, en casa Chona y en los restaurantes de cinco tenedores con servilleta de tela. Todo el hemisferio norte se asoma, un día sí y otro también, a la estrategia planetaria de este Tran de moña perenne.
En infinidad de poblados africanos los jóvenes diseñan, guiados por los más venerables ancianos, danzas nuevas y cantos tribales para los rituales de iniciación, y así celebrar la proximidad de Tran, que será en noviembre, en torno al día 20. Porque justo ese día tan señalado se celebra el Día Mundial de la Infancia. Y así lleva casi veinte ediciones con gran éxito de público. Por eso tiene el apoyo del Ayuntamiento de Tuineje, de las consejerías correspondientes y de otros patrocinadores de reconocido prestigio.
Tran Tran es el Festival Internacional de Payasos y Payasas de Fuerteventura que a punto está de alcanzar la XV edición.
Las payasadas de Tran Tran cuando se hacen con ternura para dibujar la sonrisa de un niño, tienen un valor que supera las expectativas de las pantallas gigantes de Wall Street. No son medibles con dígitos los gestos solidarios de los payasos y payasas derivados de Tran Tran, cuando se acercan al hospital de la isla majorera para hacer soñar a los más pequeños, con la ingenua y firme intención de no verlos sufrir.

