el sauzal

“Ante esta arremetida de gobiernos de ultraderecha, el mensaje de Mafalda es más necesario que nunca”

En una apuesta del alcalde, el entrañable personaje de Quino estará en el corazón cultural del municipio

Pablo Irrgang es el hombre que lleva Mafaldas por el mundo. Dicho en argentino, el plomo de Mafalda’, una expresión con la que suelen referirse los músicos a los técnicos que les llevan los instrumentos y les ayudan con el montaje.

“Me tocó la enorme suerte de hacer un retrato de Mafalda, un cometido para el que tengo la complicidad de Quino. A la gente le gustó y me están llevando por el mundo para que este personaje entrañable habite otros países”, declara a este periódico durante su visita a El Sauzal, donde hoy se inaugura su escultura con motivo de las Fiestas Patronales en honor a San Pedro Apóstol.

Su llegada a este municipio del Norte de Tenerife fue una apuesta del alcalde, Mariano Pérez, quien visitó la escultura en un viaje a Oviedo y, sin conocer en profundidad al personaje, le encantó. “Yo soy un iluso que quiere tener las cosas buenas en su pueblo, así que contacté con Pablo para hacerle la propuesta y aceptó”, cuenta.

Apostó por la cultura, como lleva haciendo desde hace muchos años, y por eso a partir de hoy Mafalda estará ubicada en el corazón cultural de El Sauzal, entre la biblioteca, la sala de estudios y el auditorio.

Con esta ya son 16 las que se reparten por el mundo, pero la única en un pueblo, ya que el resto está en ciudades, y convertirá al municipio en miembro del selecto grupo que homenajea a este entrañable personaje de cómic, un ícono de la crítica social, el feminismo, la ecología y la justicia desde que fue creado en 1964 por Joaquín Salvador Lavado Tejón, el inmortal Quino, fallecido en septiembre de 2020.

Nacida en el gobierno democrático de Arturo Umberto Illia, derrocado por un golpe de Estado, Mafalda vivió la mayor parte de su vida en una dictadura militar, representada en la sopa que su madre le obligaba a tomar y que ella rechazaba, como metáfora de un acto de rebeldía ante el autoritarismo y la imposición de normas de la mayor parte de los autoritarismos de América Latina en los años 70 y 80.

“Por eso a mí me interesa cargarla al hombro y llevarla allá donde me la pidan. Ante esta arremetida de gobiernos de ultraderecha tan atroces para la paz, las luchas sociales, el feminismo y la igualdad, de alguna manera, inconscientemente, su mensaje es más actual y necesario que nunca”, sostiene Pablo. En este sentido, cree que hay gente que pide Mafaldas como un posicionamiento ideológico, porque asume sus valores como los que debieran ser, ya que en estos momentos estamos frente a una ola que cuestiona que vivamos en un mundo más justo, sostenible, fraterno e igualitario, y es importante repartir ese mensaje”, insiste el escultor.

Argentina no se escapa de esta coyuntura. “Es muy difícil explicar lo que sucede en Argentina, hasta a Mafalda le resultaría complicado, porque es un momento atroz”.
Tampoco la situación bélica en el mundo. “Ella, que era una defensora de la paz mundial, creo que sentada en este banquito de El Sauzal elevaría su voz con la esperanza que alguien la escuche, aún sabiendo que es difícil conseguirla”, apunta.

Todas las esculturas están hechas iguales y el tiempo que emplea en cada una ronda los dos meses. Su tamaño (75 por 45 centímetros) es el que tendría una niña de su edad, y el material que utiliza es resina epoxi pigmentada. Lo único que varía es el color del vestido. Todo ello lo consensuó con Quino en su momento y, por lo tanto, lo respeta. El único requisito de la Fundación que lleva su nombre es que se instale en espacios públicos para que pueda ser compartida y visitada por la gente.

La primera que realizó fue a pedido del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires y en ese momento puso como condición que el creador del personaje participara. Fue a su taller, se hicieron amigos y el humorista lo invitó a acompañarlo cuando le otorgaron el premio príncipe de Asturias. Era la primera Mafalda que viajaba fuera de Argentina. Fue un evento hermoso -recuerda-, porque además había unos carteles enormes que decían Oviedo ahora tiene princesa, con una foto que era la escultura de Mafalda.

Pablo nunca se imaginó que su escultura tendría tanta repercusión. Su trabajo artístico no tiene nada que ver con Mafalda, pero aceptó el desafío de hacerlo porque era un fanático del personaje y desde pequeño la reproducía en plastilina. “Me la sabía de memoria, como ahora se la saben mis hijos”, confiesa.