tribuna

Cisma en el Gran Capital

Algo profundo empezó a cambiar esta semana de junio en las élites populistas americanas. El divorcio de Elon Musk y Donald Trump no estaba en el guion, no tan pronto, y altera el proyecto de nueva sociedad de los dos timoneles del Gran Capital, ahora a la greña.

No es un conflicto menor en la escala política; si no se desactiva, hará estragos en la ‘cúpula dorada’ del poder en la primera potencia del mundo y fuera de EE.UU. Como dos forajidos, han desenfundado y comenzó la balacera. La magna derecha asiste estupefacta al duelo de egos de sus dos máximos ídolos.

Juntos deslumbraban y llenaban el espacio de consignas desensibilizadoras. No les quitaba el sueño el horror de los niños de Gaza, por ejemplo, uno de los termómetros para validar un espíritu progresista o carca, con criterios de partido y opiniones de carnet. El fanatismo nubla los sentimientos. Es que podemos llegar a ser monstruosos o angelicales. Un amigo filósofo, con el que comparto esta reflexión, cita varias fuentes: el mal en san Agustín, el mal como ausencia de bien en Plotino, el mal y la libertad, las cartas del mal de Spinoza …

El choque de trenes entre los dos iconos de la revolución MAGA es un fenómeno eventual, mitad cisne blanco, mitad cisne negro, un evento de alto impacto que se precipitó.
Trump y Musk se pasaron 130 días diciendo estupideces como dos colegas inseparables de clase. De clase muy alta, tanto que confundían la política con los negocios. Ahora, Trump amenaza a Musk con cancelarle los contratos, como munición de guerra; la de Musk son su fortuna y los tuits. Y servicios espaciales como la cápsula Dragón, que transporta astronautas, y que amagó con retirar.

El dúo acaudalado se separa. El colonizador de Marte le declara la guerra al amo de la Tierra. La película está servida y Hollywood lo sabe. Musk, el hombre más rico del mundo, pone a prueba su imperio si le cierran el grifo.

Es un test de resistencia entre el hombre con más dinero y el hombre con más poder. Musk no pudo contenerse tras ser expulsado del paraíso. Trump ahora alardea de que lo echó de aquella manera: “Le pedí que se fuera”. Y el magnate sudafricano, al que Bannon propone deportar y confiscarle las empresas, apunta a la sien del presidente, sin que esta vez la bala le pase rozando. El jueves explotó: la “gran y hermosa ley” fiscal de Trump le parece una “abominación repugnante”. Perjudica a sus coches y a la deuda del país.

Eran dos ideólogos en uno. Con ellos, los buenos se convertían en malos y los malos en buenos, como dos dioses jugando a los dados. A Musk le encantaba apadrinar la Afd en Alemania. Y Trump decía que el bueno de Netanyahu también hacia “cosas malas”, que Zelenski era un “dictador” y su “amigo” Putin, un hombre “enloquecido”. Entre los dos vendían el ocaso del mundo ‘progre’ bajo la nueva advocación.

Musk se conduele de haber hecho presidente a Trump (“¡qué ingratitud!, agrega). Pero no habían fundado un nuevo fascismo mundial que cambiara la historia, como creían; eran dos populistas borrachos de dólares, tan fosforitos como dos parias embroncados en un bar.
A Musk se le vio que tenía los pies de barro en la ciénaga de La Casa Blanca, donde llegó a dormir. Ahora, con la ruina de Tesla y los cohetes saltando por los aires, escribió en X lo que llamó “la bomba más gorda” (después lo borró): “Donald Trump figura en la lista Epstein”. Las orgías deplorables del empresario suicidado en una celda de Nueva York. Alienta un impeachment (proceso de destitución) contra el presidente y sugiere crear un tercer partido.
¿Cuánto sabe cada uno del otro? Trump sabe que Musk recomendó a un amigo para director de la NASA y el presidente lo vetó. Musk, quizá, sabe más cosas inconfesables de su pecaminoso rival. Antes de entrar en desgracia, se dio un salto al Pentágono, con la gorra puesta, de la mano del infumable secretario de Defesa, Pete Hegseth, a husmear secretos de Estado en caso de guerra con China. El goteo no ha hecho sino empezar. Saldrá lo de las drogas con que acusan a Musk (“tiene un problema”, escarba Trump). Entonces, los dos vomitarán todo el veneno.

En su nube, la Tierra es rara y la paz un negocio. No existe el dolor humano a secas, sin transacción. Valga mencionar la historia de la pediatra Alaa Al-Najar. Mientras trabajaba en su hospital en Gaza e Israel bombardeaba Jan Yunis, donde vive, vio llegar a los cadáveres de nueve de sus diez hijos. Todos sentimos el horror de la matanza de Hamás el 7-O de 2023 en la Franja, y ahora esto, incluido el reparto criminal de comida con disparos a quemarropa.
Mañana se juzgará esta deshumanizada época bajo el liderazgo de dos ricachones que acabaron tirándose los trastos a la cabeza.

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