Ubicado en el noroeste de Tenerife, en pleno Parque Rural de Teno, el caserío de Masca se ha convertido en uno de los destinos más promocionados por las agencias y blogs turísticos de Canarias. Catapultado por su estética de “pueblo escondido entre montañas”, y por su ruta de senderismo hasta la playa del mismo nombre, Masca ha sido descrito como un “lugar mágico”, un “tesoro oculto” o incluso “el Machu Picchu canario“. Pero la experiencia real, para muchos visitantes, dista de ese relato idealizado.
Masificación y expectativas elevadas
Lo que alguna vez fue un enclave aislado y tranquilo, hoy sufre una presión turística considerable. En temporada alta, los atascos en la carretera de acceso son frecuentes. Las curvas cerradas, el aparcamiento escaso y la afluencia de guaguas convierten el trayecto en una odisea más que en una experiencia pintoresca. Al llegar, muchos descubren que el caserío es mucho más pequeño de lo que imaginaban. Una iglesia, un par de restaurantes y tiendas de souvenirs completan la escena.
“Nos lo vendieron como un lugar donde se paraba el tiempo, y lo único que paró fue el tráfico”, comenta irónicamente Clara S., una visitante peninsular que llegó en coche de alquiler y pasó más tiempo buscando dónde estacionar que disfrutando del mirador.
Sendero cerrado o limitado
Uno de los grandes atractivos de Masca era su sendero hacia la playa, un descenso espectacular por el barranco que terminaba en una cala de difícil acceso. Sin embargo, el sendero ha estado cerrado durante largos periodos por razones de seguridad y conservación. Actualmente se necesita reserva previa, hay controles de acceso y en ocasiones solo se permite bajar acompañado de guía.
Esto deja a muchos turistas con la sensación de haber llegado a un lugar “espectacular en fotos, pero limitado en experiencia”.
Belleza real, pero gestionada
Que Masca sea considerado “el sitio más sobrevalorado de Canarias” no implica que no tenga encanto. El paisaje es realmente imponente, y los amaneceres desde sus miradores merecen una visita pausada. Pero el problema reside en la expectativa: las redes sociales y los reclamos turísticos generan una imagen que no siempre se ajusta a la vivencia real del viajero, especialmente si no se madruga o si se acude en hora punta.
Lugar menos saturado (y menos sobrevalorado)
Si buscas paisajes igual de impresionantes sin la misma presión turística, los barrancos de Güímar, el caserío de Taborno (en Anaga) o la zona de Afur ofrecen rutas, vistas y tranquilidad. Menos “instagrameables”, tal vez, pero más auténticas.
Masca sigue siendo un lugar hermoso, pero no es el paraíso remoto que tantas veces se pinta. Si decides visitarlo, hazlo temprano, con reserva para el sendero si es tu plan, y sin esperar más de lo que realmente ofrece: una buena postal, pero con letra pequeña.





