La primera vez que publiqué un artículo fue gracias a César Rodríguez Placeres, cara visible del Centro de la Cultura Popular Canaria. Esta oportunidad no la olvidaré nunca. Se trataba de un reportaje que hice para la revista Archipiélago Canario sobre el Rancho de ánimas de la Caldereta, en el municipio majorero de La Oliva. La revista la dirigía en esos momentos el periodista y editor Ángel Morales. Los datos de ese reportaje los recogí con una grabadora en mano y caminando por esos tableros de la isla Maxorata. Iba con una mochila de tela que me hizo mi madre, recopilaba testimonios directos, y charlé con varias personas que fueron testigos de esta tradición tan arraigada en diversos puntos de las islas.
César también se empeñó en subirme a los escenarios. Me perseguía. Yo me escondía en el piso de estudiante, pero era imposible deshacerme de él. Cuando se le mete una cosa en la cabeza, date por perdido. Mi gran debut fue en La Punta del Hidalgo, acompañado de mis queridos amigos del grupo Verode y del poeta psiquiatra Francisco Rodríguez Pulido. A partir de ahí, recorrimos muchos barrios de La Laguna, de Icod, de Candelaria y de Güímar, entre otros tantos. Saltábamos de San Matías a La Piterita, de Taco a Las Mercedes, de Taganana a Las Carboneras, del Batán a La Cuesta o El Escobobal, del Camino Largo a Los Andenes.
En fin, que me faltan renglones para narrarles el esfuerzo de aquellos años iniciales cuando los ciclos culturales, organizados por el CCPC, cubrían una laguna navegable porque el presupuesto de cultura en los ayuntamientos era raquítico o inexistente. César y Meme pusieron los cimientos a una utopía que acabó siendo realidad y construyeron, junto a otros compañeros, una plantilla a la que se subieron las políticas culturales posteriores. Por tanto, el Premio Canarias concedido este año a este inquieto colectivo es el reconocimiento no solo a la labor vertebradora realizada en las islas, sino que también aplaude el desinteresado y poético entusiasmo humanista de César, y pone a la vista de todos un impecable recorrido dedicado a los demás.
