Curiosa (y odiosa) coincidencia: PP y PSOE, los dos principales partidos nacionales, que suman entre ambos más de quince millones de votos, celebran este fin de semana sendas cumbres en teoría de remodelación de sus órganos directivos y de reflexión sobre lo actuado y sobre las líneas éticas, estéticas, tácticas y estratégicas a seguir. No sabe usted cuánto me gustaría equivocarme, pero me temo que, ante un fin de semana que es (habría de ser) sustancial en el necesario proceso de regeneración política española, la montaña va a parir un ratón. Las dos montañas, digo las dos Españas, van a parir sendos ratones, y no digo ratas por no ofender, que en estos tiempos ya se sabe que hay que ser cautelosos. Cambios de caras cosméticos, leña al adversario, convertido por mor de la degeneración política en que vivimos en enemigo irreductible, va a ser presumiblemente la tónica tanto del comité federal del PSOE como del congreso del PP, y conste que para nada equiparo un acto y otro: lo de los socialistas debería ser un tsunami, un acto de salvamento del partido que gobierna en la cuarta potencia de la Unión Europea. Mientras que lo de los populares tendría que derivar en un evento capaz de ilusionar a amplias capas de la sociedad española que, desencantadas, dudan sobre hacia dónde dirigir sus esperanzas, sus miradas y sus votos. España necesita tanto un PSOE fuerte, creíble, fiable, como un PP valiente en sus planteamientos como segura alternativa a la gobernación de un PSOE (con Sumar) que lleva siete años de desgaste.
