tribuna

El bello durmiente

Muere el príncipe durmiente de Arabia Saudí después de 20 años en coma. No es un cuento ni un hechizo donde una princesa viene a despertarlo, pero este joven de rasgos perfilados parece surgir de un relato real, en el que la vida se interrumpe, y cesa sin lograr el milagro de recuperarse. Veinte años en coma, de 2005 a 2025, son muchos años para estar soportando una vida latente con todas las carencias. En coma nada significan los cuidados que le puedan prestar las posibilidades económicas de sus familiares poderosos. El coma es igual para todos al carecer de estímulos sensoriales. Un corazón late y continúa bombeando la sangre para que los órganos funcionen, pero el cerebro se ha quedado como pasmado, sin enterarse de nada. Al menos esa es la apariencia, porque esa vida sin vida es un misterio para mí y hasta para los médicos. No sé. Un amigo mío masticaba un chicle y esbozaba una sonrisa cuando le contaban un chiste. Estuvo dos años en coma hasta que murió. Su mujer creía entenderlo y hablaba con él sin que él le contestara, como se hace con los bebés cuando están aprendiendo a hablar. Es terrible esa desconexión, que te acerca al mundo de la nada después de haber conocido el que existe. La vida es un soplo, una coincidencia mágica de una serie de factores cuya conciencia se pierde cuando se pierde ese equilibrio. La vida es un acto de fortuna, un azar que se resuelve entre miles de millones de posibilidades infructuosas. No la valoramos como se merece, y la despilfarramos en luchas inútiles que no conducen a nada. Dice Bertrand Russell que somos un cúmulo de instintos y pasiones, seres vulgares que no son conscientes de la circunstancia vital que atesoran. Ahora que ha muerto el príncipe durmiente pienso en estas cosas imaginando que el coma es un letargo que se prolonga demasiado; ese duermevela de la mañana que nos negamos a abandonar. Hay gente que piensa que entre el coma y la asunción de una excesiva responsabilidad, se quedan con el coma. Yo no haría eso, qué quieren que les diga. Esto no me ha hecho reflexionar sobre la muerte sino sobre la no vida, que no es lo mismo; o sobre la forma de existir sin existir, donde la desaparición espera 20 años para ser certificada. El príncipe durmiente estuvo todo ese tiempo esperando por la princesa que nunca llegó. A veces nosotros estamos más tiempo aguardando algo que nunca va a venir, como los adoradores de una fe salvadora que no les rescata de la desesperanza que sufren cuando están despiertos. Para eso es mejor entregarse al sueño. Este príncipe árabe, rodeado de petróleo, me ha hecho pensar en cosas que no quiero pensar. Su imagen serena sale en los periódicos como un mensaje de paz, pero yo sé que significa todo lo contrario y eso me llena de melancolía.