Desde que Champollion descubrió la piedra Rosetta parece que los franceses son capaces de interpretar los misterios que envuelven al oriente cercano, a ese entorno del mundo donde fijamos el origen de lo que somos, a pesar de que no nos guste reconocerlo. Todo está en el Louvre y en el Museo Británico, como una especie de apropiación propiciatoria que sigue el ejemplo del Roma capta a victis cuando incorpora la cultura griega a su rico acervo cultural. Siguiendo esta senda me dejé atrapar por la visión europea de ese mundo, cuando leí a Pierre Loti o a Gustav Flaubert, en sus magníficas descripciones, sin darme cuenta de que eran meras guías de viajeros. Ahora prometo que leeré a los escritores palestinos para tener la visión de la otra parte.
Macron ha estado en Ramala entrevistándose con el presidente de la Autoridad Palestina, en medio de un clamor global porque cese la guerra en Gaza. No está claro que la Autoridad Palestina tenga el control de la franja, solo es una cuestión simbólica que representa un reconocimiento oficial lleno de debilidades. Parece que el presidente francés quiere escenificar el inicio de un proceso de paz a través de su influencia histórica en la zona y poniendo por delante los intereses humanitarios que primordialmente defiende su país. La propuesta pasa por la formación de una fuerte coalición internacional para combatir de forma drástica al terrorismo; luego está la solución de los dos Estados para garantizar la seguridad y la paz. Entre otras cosas, habla del reconocimiento al derecho del Estado de Israel, desechando las declaraciones de ambas partes de dominar los territorios desde la tierra hasta el mar. Estos principios maximalistas de carácter extremadamente nacionalista, son los que entorpecen la solución definitiva para un conflicto que parece no tenerla, al menos de manera inmediata. Macron habla de seguridad y de protección de la población civil, y en eso parece que todos están de acuerdo. Lo que no es seguro es que la Autoridad Palestina ostente el poder suficiente sobre Hamas para que se puedan alcanzar las condiciones necesarias para la paz, incluyendo la entrega inmediata de los rehenes y no jugando con el chantaje del cuentagotas permanente. Parece que cuando entreguen al último perderán su capacidad de presión para el objetivo final, siguiendo las mismas prácticas políticas que podemos observar en otros escenarios más cercanos. Acabar con el terrorismo, con ese terrorismo impregnado de fanatismo religioso, es difícil.
El presidente de la Autoridad Palestina no lo considera una cosa menor. Ha dicho que puede provocar una guerra regional y hasta mundial. Para que esto ocurra es preciso que el mundo esté dividido en simpatías, o meros intereses, por los dos bandos. Entonces habría que saber en qué bando estamos, porque si nos dan a elegir entre Irán, China y Rusia por un lado, y EEUU e Israel (Trump y Netanyahu) por el otro, la cosa se complica, y ya no está tan claro el compromiso de Macron. Sobre todo ahora que Europa se acerca a negociar un acuerdo sobre aranceles.
