Existe una ambición común a la raza humana por encima de aquella llamada poder. Una ambición humana por encima de la de la riqueza. Una ambición instintiva y, a la vez, racional… Sí, esa ambición no es otra más que la de sobrevivir, la de vivir más y mejor. Se trata de aquella que ha ido favoreciendo el aumento de la esperanza de vida con los años.
Le ganamos años a la vida. El 1985, hace tan solo 40 años, los españoles vivíamos una media de 76 años. Hoy lo hacemos hasta los 84.
Pero no se me distraigan con datos, la clave está en “el mix más y mejor” porque de qué nos vale vivir más si lo único que hacemos es ampliar nuestro paso por la decadencia más absoluta.
Aquí no se esconde la clave de la vida eterna pero lo que sí se muestra es una reflexión cuidada. Todos queremos llegar a mayores pero… a qué vienen entonces palabras como la de “EDADISMO”.
La falta de empatía nos lleva a discriminar, en este caso, a hacerlo por razones de edad, no solo por la edad madura, también por la edad joven. Pero… centrémonos en la madura.
Coincidirán conmigo en que sí, vivir más y mejor, es la máxima de cualquier ser humano pero… ¿por qué no cuidamos y nos cuidamos a partes iguales potenciando así ese “mejor” que no depende de la ciencia sino de la sociedad? Aplicar la máxima de benevolencia amable de Confucio, aquel “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti” es hoy más egoísta que nunca. Egoísta y parece que inteligente. Porque sembrar una sociedad justa en la que pensemos en las personas más maduras incluyéndolas en la normalidad del día a día es lo que queremos todo para cuando estemos incluidos en ese “sesgo” de personas de edad madura.
Aunque lo cierto es que el grueso de esto es mucho más complejo que una mera reflexión. Se trata de un cambio social a desarrollar. Nos hemos ocupado y preocupado por nuestra salud, nuestra riqueza, nuestro poder pero no así de nuestro entorno, de nuestras normas, de nosotros como sociedad que envejece. Quizá no lo hacemos porque nos da miedo mirar hacia aquel futuro al que pretendemos llegar, un futuro en el que nos da miedo vernos reflejados, que ambiguo sí, quizá, simplemente, porque no nos hemos dado cuenta de que se trata de algo a trabajar juntos.
En cualquier caso, se trata de palabras mayores, no una moda, ni el propósito de vida de unos pocos. Se trata, quizá, del egoísmo más inteligente, consciente y coherente. Seamos egoístas pues.
