una oferta muy tentadora

De remplón

Rara vez echo mano de la ficción para rellenar este trocito de periódico. Lo digo porque pudiera pensarse, de remplón, que lo que relato a continuación es fruto de mi desbocada imaginación. De eso no hay nada. Todo lo que cuento en las sucesivas líneas, estimado lector, es tanta verdad como la luz lechosa que nos alumbra hoy en este caluroso mes de agosto. Con luz de mediodía, les comento que no hace mucho me llamaron por teléfono, y escuché al otro lado una voz conocida en un tono muy amistoso, que me ponía en bandeja una oportunidad de oro. Me hicieron una oferta muy tentadora, tal vez es el ofrecimiento más serio que me han hecho en mi vida profesional. Ustedes dirán que esto es cosa mía, una de esas ocurrencias para empezar leyendo el Diario de Avisos la mañana de los domingos. O, simplemente, que fui víctima de eso que llamamos edadismo o descarte por la edad.
En esos momentos, y es fácil decirlo, me temblaron las piernas como a un novato. Me ofrecieron 50 euros, igic aparte, como pago a una colaboración en una especie de producción de teatro leído. Con voz temblorosa le dije a mi interlocutor que no. Espero no arrepentirme el resto de mi vida. Rechacé sobre la marcha el ofrecimiento, la escalofriante cifra que me ofrecía el amigo me parecía muy sospechosa. Me negué a aceptar esa cantidad de dinero. Pensé, desde el primer momento, que era una cantidad desorbitada, imposible de reunir tras una larga y sacrificada vida de trabajo. Sucumbir fríamente ante tal ofrecimiento, aceptar 50 euros por un esfuerzo mínimo sería como renunciar a los principios más sólidos del armazón ético de Occidente.

Sé que podría haber invertido ese dineral que me ofrecieron en algún paraíso fiscal, irme a Andorra unos días para esquiar y abrir de paso una cuenta corriente. También podría poner los dichosos 50 euros a plazo fijo en un banco panameño, aunque lo que más me interesa de Panamá es la obra de ingeniería del canal y su juego de esclusas, que me recuerdan a los cuadros del pintor romántico John Constable.