tribuna

El calentamiento va a misa y la xenofobia es anticatólica

Una ola de calor como esta, más larga de lo previsto, es una prueba de fuego. Han vuelto los incendios y Feijóo se ha enterado de que en verano hay terrorismo forestal. También se ha enterado de que no se puede ser católico y xenófobo a la vez, no se puede estar en misa y repicando. No se puede estar con Dios y con el diablo. Así que algunos votos católicos se le pueden escapar de la mano, y no irán tampoco a Vox, tras la admonición de los obispos.
Dado que el PSOE ha ido dejando por el camino el ateísmo como el marxismo, se acaba de abrir un melón antes de que se abran las urnas. La Iglesia ha marcado el camino: el que se refocile en el fango antimigratorio y se pretenda creyente, traiciona su fe. Y eso las encuestas no lo medían hasta ahora.

Más de un partido promigratorio podrá aspirar a esos votantes vacantes, católicos y catódicos, que vieron por la tele a aquella mujer gritando al bañista xenófobo de la playa de Granada, “¡deja al chiquillo!, ¡qué poca vergüenza!”, mientras le grababa reteniendo a un migrante con la rodilla en la espalda boca abajo en la arena. Ojo, que a este paso las cuentas no les salen a las derechas.

Para gobernar hay que tener prietas las filas. Y si atiza un verano de estos, paradigmático del cambio climático, lo mínimo es que la tropa esté en el frente. Pero Díaz Ayuso no volvía de Miami mientras ardía Tres Cantos. Díaz de asueto. Ni Mañueco ni Bonilla, en lo peor de la crisis, se dejaban ver. Y Feijóo, desesperado, pidió, por último, la intervención del Ejército, ignorando a la UME de Zapatero, desplegada en los puntos calientes, jugándose el tipo.
A Mañueco se le quemaban las Médulas en León y seguía de vacaciones en Cádiz. Por eso, cuando Feijóo tuiteó que estaba en contacto con Mañueco, el ministro de Transportes, Óscar Puente, que le ha salido al PP una mosca cojonera, le lanzó un mensaje nocaut: “¿Te ha contado qué tal el tiempo en Cádiz? En Castilla y León está calentita la cosa”. Puente, acusado de hacer bromas sin tacto, fue alcalde de Valladolid y sus tuits obligaron a Mañueco a incorporarse al tajo.

En ferragosto, la política, nunca mejor dicho, está que arde. Pero hasta Tellado, que se apunta a un bombardeo, ha dejado solo a Feijóo. En una legislatura acalorada por antonomasia, no deja de sorprender que llegue el verano, con el calor de verdad y los incendios genuinos, y a Feijóo se le ocurra quejarse, en esta polémica, de un ministro que “incendia” la vida pública.
Las vacaciones de verano están “sobrevaloradas”, decía el gallego, y ahora se le afean los escaqueos turísticos de los barones y los vicios ideológicos que podrían estar pasando factura al PP en Madrid, por ahorrarse en bomberos, o en Castilla y León, por no
desbrozar el monte en invierno para facilitar el acceso de los operativos alegando que eso era “un despilfarro”.

Verano ya no es una tregua. Ni en las guerras se han dejado de matar, ni Trump, con sparrings como Putin, a este paso, va a ganar el Nobel de la Paz, ni Feijóo tiene expedito el camino a la Moncloa, con la Dana, los incendios, Montoro y la excomunión de la Iglesia, si no rompe con Vox y reparte caramelos entre los niños africanos de Canarias, a los que no quería ver ni en pintura en sus autonomías. Y Sánchez, que hoy visita Ourense y León, acaso esté urdiendo en Teguise una remodelación de gobierno para septiembre.

No sé cómo se verá el panorama español con gafas de lejos (a vista de canario), desde La Mareta, si comparamos con la Moncloa. Pero si Óscar Puente se basta por sí solo para sacar de quicio al jefe de la oposición con el latiguillo de que “no hay una tragedia que les haya pillado trabajando”, es para hacérselo mirar en el PP.

Ahora, las rocambolescas conversaciones de paz en Alaska revelan una España acomplejada. En dos años, el liderazgo español en Europa con las guerras de Ucrania y Gaza no suscitaba el menor interés en la bancada conservadora; ahora esta magnifica la tensión de Sánchez con Trump. El propio líder popular volvió a cometer un desliz de los suyos, dando por hecho que Sánchez no participaría en la cumbre virtual de la Coalición de Voluntarios por Ucrania, cuando dos horas antes la Moncloa había anunciado lo contrario. A Sánchez, Europa no lo exhibe ante Trump por la contrariedad existente entre ambos políticos sobre el gasto militar en la OTAN y los contratos con China. Lo que desafina es la incondicional lealtad de una genuflexa derecha española ante EE.UU., pese al ultraje de los aranceles y los desprecios a Europa. El fiasco de Alaska la deja en evidencia.

Cuestionar el cambio climático es uno de los mayores pecados del negacionismo, como prueba esta ola de calor. Desde el papado de Francisco, se considera pecado grave rechazar a los migrantes. Ahora que las dos cosas se han unido, en las tierras calcinadas y en los precedentes migratorios de Canarias, Torre Pacheco y Jumilla, diríase que la xenofobia es anticatólica y el calentamiento va a misa.

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