Lo estamos aprendiendo todo. Absolutamente todo. Si hablamos con alguien debemos ocupar tan solo el veinte por ciento de la conversación, la escucha es lo más importante. No sabemos ni dormir, hay que estimular el misterioso nervio vago; menos mal que los programas de televisión, de radio y las redes sociales nos dicen cada dos por tres cuál es la posición del cuerpo correcta para un buen descanso nocturno. Tenemos que poner la pierna así, una almohada en las rodillas, otra en el cuello y hasta mañana si el dios de Einstein lo permite. Somos unos completos ignorantes a juzgar por lo que se dice sobre la nutrición y el cuidado de nuestro body. Comemos demasiados carbohidratos y eso hay que arreglarlo como sea; me estoy enterando ahora que las verduras y las legumbres son muy buenas para que todo fluya, y que el agua posee infinidad de propiedades, entre otras, es muy eficaz para calmar la sed.
Los paseos ya no son tan placenteros, hay que ir con leggings o mallas, son caminatas con cronómetro y contador de pasos, competimos hasta en eso con el cuñado. Nos enseñan también a contemplar la naturaleza desde la atención y el eterno presente cuando practicamos el mindfulness, como si hubiéramos perdido nuestra cualidad de noveleros. Tampoco sabemos respirar. No vale solo la respiración pulmonar, ni la clavicular. Es mejor coger resuello hasta llenar el abdomen de aire, solo una respiración consciente puede darnos la paz y la serenidad, nos pone al borde del nirvana y hace más llevaderos los sinsabores del samsara.
Cuando comemos ya no consumimos carne, sino proteínas; y la fruta ya no es fruta, sino una fuente inagotable de fibra y vitaminas. La leche no debe consumirse de mayor, según algunos fundamentalistas de la nutrición. Debemos tomar leche solo en nuestra etapa de lactante como el becerro, la gacela de Thomson, el capibara, la marmota
y el oso hormiguero; a partir de ahí, debemos tomar el aburrido tofu y, si el Fondo Monetario Internacional nos hace un préstamo, podemos darnos el gustazo de comprar un queso entero. Estoy harto de tanta cuña.
