Javier Cercas hace una apuesta a favor de Salvador Illa para ser el sustituto de Pedro Sánchez. Dice que para que la socialdemocracia deje de ser sanchista y vuelva a ser socialdemocracia a secas. No lo tiene fácil apoyando la financiación singular. No parece ser una solución integradora ni solidaria. De cualquier forma la historia dice que es una excepción gobernar España desde Cataluña. Solo lo hizo una vez, con Pi i Margall presidiendo el Gobierno de la Primera República, que duró un suspiro. Participación de catalanes en el Gobierno de España ha habido muchas, con ministros de los diferentes partidos.
Quizá la única colaboración del nacionalismo se dio con la Lliga, encabezada por Cambó, que fue responsable de Hacienda. Si esa es la salida que propone Cercas habrá que esperar a una renuncia y a una recuperación, porque, de momento, la figura del president de la Generalitat no tiene la contundencia necesaria para ser aceptado de forma total, aunque ahora, en su labor política, intente demoler los muros que ha levantado su colega Sánchez.
La solución de Cercas no es mala, pero antes es necesario despejar algunas incógnitas. Por ejemplo, ¿dentro del PSOE existe realmente una corriente que pueda elevarlo a la Secretaría General? Aunque en Lanzarote se hayan reunido Sánchez, Zapatero y el propio Illa, yo no lo veo. Y si de esa reunión sale ese acuerdo, se trataría solo de un acto de continuismo dirigido y no de una ruptura que implicaría una sustitución en toda regla.
Lo de Cataluña necesita una reconstrucción urgente hacia la normalidad, pero no es menos cierto que el resto de España también lo está pidiendo a gritos. Si no es así, será un parche para seguir con lo mismo. De cualquier manera, el artículo de Cercas es un llamado al entendimiento, a la prudencia y a la moderación, aprovechando una figura que aparenta todo eso sin haberlo demostrado del todo. La buena voluntad que no falte, para así no perder la esperanza en que las cosas se arreglen.
La otra cara de la moneda es la de aquí no pasa nada y la de que las capacidades de prosperidad alcanzadas están que se salen. Es difícil cambiar a alguien exultante y sobrado de arrogancia por otro anodino con aspecto de humildad franciscana. La parroquia no lo iba a permitir. En política estos personajes no son reales. Solo existen en la apariencia, aunque la apariencia desborde en ocasiones los hechos para convertirse en la verdad indiscutible. Habría que empezar por desterrar del léxico habitual palabras como contundencia, rotundidad, robustez, desde el minuto uno y sudar la camiseta, para que las cosas empezaran a ser creíbles.
Es preciso pasar previamente por el purgatorio, a menos que las circunstancias recomienden otra cosa. Entonces tendría que darle la razón a Cercas, que es más conocedor que yo de la causa catalana, y valorar la posibilidad de este tránsito, que bien podría suponer un Gobierno de concentración. A pesar de todo, no lo veo claro.
