callejero chicharrero

Historia de los monumentos a Simón Bolívar y a José Francisco Morazán en Santa Cruz de Tenerife

Dos monumentos simbólicos de la capital chicharrera

El monumento erigido a Simón Bolívar en la intersección de las avenidas de Venezuela, Benito Pérez Armas e Islas Canarias, regalo de Venezuela a Santa Cruz de Tenerife en prueba de hermandad, en 1983, está formado por un busto de bronce, obra del escultor Arturo Ruíz Aguilera, colocado sobre un bloque prismático de granito.

Simón Bolívar (Caracas, 1783 – Colombia, 1830), huérfano desde los tres años, al cumplir los 15 años, su tío materno y tutor Carlos Palacios le mandó a estudiar a España, donde recibiría la educación propia de un gentilhombre, a la vez que frecuentaba tertulias y salones, practicaba la esgrima y recibía bailes de salón. A la edad de 19 años se casaría en Madrid con María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, regresando a Caracas, donde al año siguiente fallecería su esposa, de fiebre amarilla.

De regreso a Europa, se establecería en París, donde frecuentaría teatros, tertulias y asistiría a conferencias en las que se divulgaban los conocimientos y las ideas liberales.

Simón Bolívar, aunque carecía de formación militar, llegó a convertirse en el principal dirigente de la guerra por la independencia de las colonias hispanoamericanas, suministrando al movimiento una base ideológica mediante sus propios escritos y discursos. En 1810, aprovechando que la metrópoli se hallaba ocupada por el ejército francés, se unió a la revolución independentista que estalló en Venezuela, dirigida por Francisco de Miranda, aunque su fracaso le obligó a huir del país y tomar las riendas del movimiento desde Cartagena de Indias, lanzando un manifiesto que incitaba de nuevo a la rebelión.

En 1813 emprendió una segunda expedición militar que entró triunfante en Caracas, donde recibiría el título de Libertador; aunque José Tomás Boves lo expulsaría a Jamaica, después de haber reconquistado el país para la Corona española.

En 1816, Bolívar lanzaría una tercera revolución que le daría el control de gran parte del territorio, logrando la independencia de Venezuela al derrotar a los españoles en la batalla de Carabobo.

Como el sueño de Bolívar era formar una gran confederación que uniera a todas las antiguas colonias españolas de América, cruzó los Andes y venció a las tropas realistas españolas en la batalla de Boyacá (1819), que daría la independencia al Virreinato de Nueva Granada (actual Colombia), siendo elegido presidente de la nueva República de Colombia. En 1822, liberaría el territorio de la Audiencia de Quito (actual Ecuador), junto a José de Sucre.

Ese mismo año, tras la retirada de José de San Martín a Europa, Bolívar se pondría al frente de la insurrección en el Perú, derrotando a los españoles en la batalla de Ayacucho, que determinó el fin de la presencia española en Sudamérica.

Simón Bolívar sería presidente de la Gran Colombia (1819-1830), del Perú (1824-1826) y de Bolivia (1825-1826), donde su tendencia a ejercer el poder de forma dictatorial despertaría muchas reticencias.

El monumento erigido en Santa Cruz de Tenerife a Francisco Morazán, en 1982, en la confluencia de la avenida Francisco La Roche con la calle República de Honduras, obra del escultor hondureño A. Henríquez, está formado por un busto realizado con marmolina blanca, expuesto sobre un pedestal de piedra de cantería.

José Francisco Morazán Quezada (Tegucigalpa, Honduras, 1782 – San José de Costa Rica, 1842) ingresó con 10 años en el Convento de San Francisco, donde recibió formación en gramática latina, escritura, aritmética, filosofía y religión.

En 1824, Dionisio de Herrera, jefe de Estado Supremo de Honduras, lo nombró Secretario General. Tres años más tarde, al tomar el poder José Justo Milla, Morazán abandonó su cargo y se unió a las milicias opositoras.

Como General del Ejército Aliado, vencería a las tropas de Milla en la Batalla de la Trinidad (1827) y asumiría la Presidencia de Honduras.

En 1830 fue elegido presidente de la República Federal de las Provincias Unidas del Centro de América (Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica), emprendiendo profundas reformas, aunque con gran oposición que llevó a la disolución de la unión en 1838.

Más tarde, Morazán fue presidente de El Salvador y, desde allí, intentó sin éxito recuperar Guatemala. Exiliado en Perú, regresó en 1842 a Costa Rica, donde tomó el poder brevemente antes de ser capturado y fusilado en San José.

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