tribuna

Pirómanos

Un incendio, y en especial, incendios como los que asolan a nuestro país, están solo para lamentarlos y, en todo caso, evitarlos.

Un incendio no es algo que se pueda utilizar para generar un fuego aún mayor, con un daño mucho mayor al que ya se ha causado o con unas consecuencias si cabe, mucho más irreparables.

La política, en general, da pena. Es lamentable observar cómo se utiliza una de las mayores catástrofes naturales que se ha sufrido en nuestro país, con cuatro muertos de momento, como proyectiles de intercambio partidista, con un cruce de acusaciones sobre competencias que ya están más que claras y con unas incompetencias también claras del todo.

Cada telediario de las cadenas de televisión o cada informativo de radio, así como las páginas de los periódicos, es combustible añadido para el incendio paralelo que se montan por parte de los partidos, todos. Es triste que, mientras los ciudadanos sabemos cómo las instituciones han dejado abandonados a su suerte a los pueblos que han ardido por centenares, muchos perdidos para siempre, y la clase política española y sus voceros mediáticos se dediquen a defender solo sus “culos”, regando unos argumentos distantes e inútiles en tertulias vacías e interesadas, con las que se está dando la espalda a todas las personas que sufren.

Ni Pedro Sánchez, ni Feijóo, van a estar jamás a la altura que se merece el país que ambos ansían gobernar. En realidad, no hay ningún partido ni líder con cualidades para estar a la altura de las circunstancias, porque, o su mediocridad no les alcanza o las mentiras no se pueden convertir en argumentos para estar al frente de un Gobierno.

En este contexto, hablan las llamas. Deberían callarse los políticos y dedicarse, por una vez, a escuchar a la gente, a los damnificados. Escuchar a los técnicos, a esos que arrastran por el suelo cada vez que los utilizan como armas arrojadizas.

Una vez más, vemos a representantes públicos auxiliándose a sí mismos ante sus meteduras de pata, antes que acudir en ayuda de las personas afectadas y que los necesitan. Son muchos los ejemplos de incumplimientos de gobernantes, tanto que no merece la pena darles importancia en estos debates diarios manipulados y dirigidos.

En La Palma se sufrió el abandono, en Valencia también, con la DANA; en las riadas de Tenerife… y así, en múltiples acontecimientos que han causado cientos de muertos. Pero, el argumento principal, son los políticos, siempre ellos.

Quizá, sea el momento de darle la vuelta a esta tortilla permanente, y poner a estos representantes en el lugar que les corresponde, y aplicarles las consecuencias que tocan. En este caso, son ellos los pirómanos. Son los causantes de un fuego que añade más daño al que se está sufriendo y no aportan ninguna solución.

Estos días se oyen opiniones de todo tipo y excusas de todos los colores, mientras el relato de la realidad que está pasando en los terrenos calcinados encogen el alma a cualquiera. El daño es irreparable, pero los opinadores avezados ya saben qué es lo que hay que hacer, y piden que se mande a militares, a todos lo que se pueda. Desde los estudios centrales de los medios de comunicación, piden y quieren dirigir, pobres y peligrosos ignorantes.

Los indocumentados, muchos de ellos periodistas de carné, también son pirómanos, quizá los más dañinos, porque no dejan pasar los argumentos necesarios como instrumentos de información, ya que la difamación es más rentable.

Los incendios, como los que se están sufriendo, están para lamentarlos y sofocarlos, pero con profesionales, no todos los militares están entrenados para esta labor; con buena voluntad y arrimando el hombro, algo que se ha perdido, por culpa de la clase política, y que era uno de los valores muy importante en nuestra sociedad: la solidaridad. Sin ella, no se apagan los fuegos y no se comparten los problemas.

La política está llena de pirómanos.