tribuna

Problemas exponenciales

Daniel Innerarity escribe un artículo en El País que trata de la sociedad exponencial, de la inestabilidad que provoca y de los esfuerzos democráticos que hay que llevar a cabo para poner unos límites razonables al crecimiento de determinadas cuestiones que parecen irrenunciables, con el objeto de alcanzar una sostenibilidad, al menos temporalmente. Dice que estamos al borde de que se produzcan daños irreversibles, y yo tengo que coincidir en que, en muchos aspectos, es así. Siempre hay una postura conforme que confía en que las cosas se arreglarán por sí solas, pero esta confianza es arriesgada y nos ha conducido a la catástrofe en varias ocasiones. Tiene razón Innerarity, pero ya sabemos que el reconocimiento de sus argumentaciones será tomado en cuenta por unos, en la parte bondadosa, culpando del desastre a los otros, como si todo lo que se advierte tenga que ver con el lado perverso del mundo al que siempre pertenecen los del bando ideológico contrario. Las ideologías nada tienen que ver con esto. Es más, son las que entorpecen las soluciones y propician el desastre. En la situación actual de, según qué sitios, esto es muy difícil de explicar. El problema está en aceptar que hay asuntos que requieren de la unanimidad de todo el cuerpo social, aparcando ese prurito, que se está convirtiendo en majadero, de que unos son los buenos y los malos los otros. Esta situación podría estar equilibrada si la posesión de la verdad estuviera repartida de forma equitativa, pero no es así: las intensidades de los sentimientos no son equivalentes, y, aunque solo sea por una medición de cantidad, alguien tiene la tendencia a pensar que su opinión es más cuantificable y mayoritaria. Por eso no se detienen las guerras, por eso no se moderan los crecimientos de determinadas soluciones tecnológicas, por eso no se controlan los desmanes del mundo digital, confundido con el de la libertad, por eso prohibiciones y restricciones se ponen en la misma balanza que aperturas sin límite, en función de la conveniencia para obtener réditos políticos a corto plazo. Hacía tiempo que no leía un artículo tan equilibrado como el de Daniel Innerarity, tan fácil de entender como difícil me resulta pronunciar su apellido. Cuando una función se desarrolla exponencialmente se aleja del control para evitar su crecimiento hasta el infinito, pero hay una asíntota que, como un cortafuegos, le impida traspasar las fronteras hacia otros territorios. Llevamos demasiado tiempo sometidos a la incertidumbre de lo que vemos crecer de forma alarmante a nuestro alrededor. No se trata de ejercer la reacción normal opuesta a las acciones desafiantes de la evolución. Se trata de moderar a estas incitaciones para evitar sus efectos traumáticos. Para eso está la sociedad, para defenderse de sus crecimientos exponenciales y buscar las situaciones de estabilidad tendentes a contener los efectos del tsunami con que nos amenaza el mundo en que vivimos, siempre como consecuencia de los problemas creados por nosotros mismos. Se requiere de prudencia y de una gran inteligencia, y, sobre todo, de atemperar las ambiciones y los oportunismos de los salvadores de la humanidad.