Con esta columna de hoy cumplo con un encargo de nuestro periódico. He sido enviado a Londres como corresponsal para darles cuenta, deprisa y corriendo, de dos exposiciones encuadradas en el arte contemporáneo. Por un lado, destacamos la muestra del pintor neoexpresionista alemán Anselm Kiefer en diálogo con Vincent van Gogh en la Royal Gallery of Arts. Vincent está en los comienzos, eso es cierto, en los cimientos de este Kiefer de hoy que, en su etapa de búsqueda primigenia, vio en el Cristo de la mina −como era conocido el genio holandés− el rumbo de sus trabajos posteriores habitados por figuras que levitan en realidades lejanas, en grises atmósferas y en conmovedoras escenas, que no dejan indiferente a quien decida plantarse ante su obra, dotada de una extraordinaria carga matérica.
La obra de Kiefer resulta siempre desbordante. No solo por su forma de entender la pintura, sino por los materiales que usa en sus formatos monumentales. Kiefer incorpora pigmentos con plomo, arena, ramas y otros elementos que cubren lienzos de gran tamaño, en una constante explosión creadora. Este Génesis de Kiefer se combina con intervenciones hirientes sobre las diferentes capas de pintura, que buscan la deconstrucción de una obra que nunca es definitiva. Nada tiene que ver ya el paisaje desdibujado que hoy reflejan las obras del artista nacido en Donaueschingen, con la estridencia cromática del autor de Los comedores de patatas (papas recaras en canario).
Por otro lado y con la brevedad que me obliga el espacio asignado para esta apretada crónica, a continuación, les hablo de Emily Kame Kngwarreye, que cuelga sus trabajos en la Tate Modern en colaboración con la Galería Nacional de Australia. Emily fue una artista australiana, originaria de la región de Utopía, donde se practica la técnica batik en el teñido de telas, utilizando también cera caliente hasta conseguir las caprichosas formas y los llamativos colores presentes en el arte aborigen australiano. Emily pintó, sin prejuicios ante la repetición, 3000 obras en ocho años y supo que era artista justo al final de su vida, y hoy recogemos su herencia en las más destacadas pinacotecas del mundo.
