La muerte y la hambruna se están cebando con los niños en las guerras. Es un fenómeno deplorable que indigna y conmueve en las cuatro esquinas del mundo. De ahí que, en su décima edición, los Premios Taburiente de la Fundación DIARIO DE AVISOS concedan una mención especial a los niños damnificados de los conflictos.
Suscribimos plenamente las palabras pronunciadas por el rey Felipe VI, en su discurso del pasado miércoles 24, en la Asamblea General de Naciones Unidas. “No podemos guardar silencio, ni mirar hacia otro lado ante la devastación, los bombardeos, incluso de hospitales, escuelas o lugares de refugio. Son actos aberrantes que repugnan a la conciencia humana y avergüenzan al conjunto de la comunidad internacional”, clamó el monarca en la sesión de Nueva York donde se abordaba la guerra de Gaza.
Estamos a la vuelta de una catástrofe todavía reciente que marcó al conjunto de la humanidad y removió nuestros cimientos. La pandemia ocasionó una oleada de muertes que escapaban a la voluntad humana. Pero, estos días, a raíz de la matanza de inocentes en la invasión israelí de la Franja de Gaza tras el terrible ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023, asistimos al horror de Oriente Próximo, que nos resulta, en efecto, cercano a todos. Pero ya no se trata de víctimas involuntarias, sino provocadas, intencionadas, que obedecen a un plan de exterminio. Estamos hablando de un genocidio en desarrollo ante nuestros ojos, en tiempo real, día a día, a estas mismas horas. Una masacre en toda regla que fustiga a la población civil, a ancianos, mujeres, adultos y, de forma miserable, a los niños.
Niños, que como señaló en Naciones Unidas el rey Felipe VI, son bombardeados en hospitales y escuelas, o sometidos a una muerte abominable por inanición, cuando no tiroteados a quemarropa en los puntos restringidos de reparto de comida. Un ensañamiento, el de matar a hambre, que multiplica con creces la ignominia.
No tiene nombre lo que está sucediendo con los niños en la guerra de Gaza. Pero sí tiene nombre su principal responsable: el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. No tiene nombre el silencio cómplice de quienes en España y fuera de España miran para otro lado. Pero sí tiene nombre quien ampara, respalda y alienta este genocidio: Donald Trump.
La generación de este cuarto de siglo de los horrores de Gaza, Ucrania y otros conflictos soterrados ha podido presenciar esta semana en la Asamblea General de Naciones Unidas, el mayor escaparate político mundial, las dos caras frente a la infamia contra la infancia. Los discursos antagónicos del rey de España y el presidente de los Estados Unidos son fiel reflejo de ello.
En tanto Felipe VI abogaba con enojo a favor de la vida y los derechos humanos, Donald Trump callaba y otorgaba ante la masacre y repudiaba los intentos de coexistencia entre Israel y Palestina, guiado por un interés inmobiliario antes que humanitario.
Es la infamia contra la infancia. Y debe decirse con pesar que no ha merecido la unánime y enérgica condena y vigilancia por parte de los medios de comunicación, de los partidos políticos sin excepciones, de las organizaciones gremiales y sectoriales, de las instituciones, de los gobiernos autonómicos y de cuantos deben y pueden alzar la voz más allá de frases hechas para salir del paso.
Desde DIARIO DE AVISOS no podemos por menos que mostrar nuestro desencanto y rechazo ante cada asomo de condescendencia con unos hechos desgarradores por parte de quienes consienten con tal de complacer con sus parroquias políticas afines, pese a encontrarnos frente a una clamorosa violación de la Convención sobre los Derechos del Niño, un tratado internacional de las Naciones Unidas. Los niños y niñas de estas guerras están siendo vilmente asesinados, heridos, secuestrados y privados de comida y educación.
En octubre de 2022, siete meses después de la invasión rusa, intervino en el Teatro Guimerá por videoconferencia desde Kiev el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, en la gala de entrega de los Premios Taburiente, con motivo de la concesión del galardón especial a la población civil de su país por su valor y resiliencia. Zelenski pidió a la Fundación DIARIO DE AVISOS ayudar a que “las democracias del mundo no nos olviden”. Mujeres y niños ucranianos refugiados en Canarias recogieron el premio.
La historia se repite. Los Premios Taburiente cumplen diez años y honran a los niños y las niñas damnificados de las guerras, que son la más flagrante prueba de que, en 80 años, no hemos aprendido absolutamente nada, pese a las graves lecciones de la historia.
Europa se dignifica cuando opta por denunciar las atrocidades en Gaza. A España le honra haberlo hecho desde el minuto uno y permanecer en la vanguardia de la defensa de los derechos humanos, de la población civil y de los niños palestinos. Siendo una cuestión de sensibilidad elemental, no de ideologías, la mala señal es que haya discrepancias al respecto, bajo un insólito baremo intolerable acerca de los sentimientos humanos.
Ante lo cual, solo cabe corear, con palabras del rey, la única consigna admisible y generosa: “Detengan ya esta masacre”.


