Me lo contó Juan José Millás en una conversación que tuve con él allá por el año 1999 en el Cabildo de Tenerife, dentro de un ciclo sobre la novela que dirigí. Me detalló que, cuando su madre quedó embarazada, ella y su marido dedujeron que engendraba gemelos. Llegado el tiempo, la señora se postró, dio a luz al primero, Juan José, y esperaron al segundo. Hasta que la matrona concluyó: se acabó, es todo, no hay nadie más. Y aquella historia sembró de desconcierto al matrimonio. Siempre hubo un distinto presente, que era mejor que el nacido, persona, hijo, estudiante, deportista… Y ante el ser del que no se podía huir siempre se encontraba Juan José Millás. Por demás, me dijo, con el tiempo ese hermano que no fue pero que existía se convirtió en crítico literario y no le gustaba lo más mínimo lo que escribía, más aún, lo que escribía le parecía muy malo. Y durante muchos años esa presencia sojuzgaba al autor de Visión del ahogado, El desorden de tu nombre o Tonto, muerto, bastardo e invisible. Y una cosa igual le sucedió al grande Vicent van Gogh. Hubo un hermano que fue el mayor de los hijos, pero pronto murió para desesperación de sus progenitores. Tanto fue que, cuando su madre volvió a concebir y nació la criatura, la historia pareció reordenar el universo. También era un niño, luego reponer la existencia. Fue bautizado con el mismo nombre que el muerto. Desde entonces, nunca Vincent van Gogh fue el mayor, era el otro, y los desastres que vivió en su existencia eran la prueba palpable de lo que el contrario demostraba frente a sí. Cuentan algunos especialistas que ese suceso hizo que van Gogh nunca se encontrara con su familia, que siempre fuera un apartado, un excluido, que nunca gozó del cariño, las defensas, las ayudas y demás concilios con sus padres, y que ello fue lo que dio el carácter inestable y los problemas psicológicos que lo torturaron hasta el final de su vida. El otro que lo arrinconó, lo señaló, lo torturó. Uno de los peores momentos de terror de mi vida fue la película El otro, dirigida por Robert Mulligan en el año 1972. Horripilante tensión psicológica. En un lugar tranquilo y un verano idílico, viven unos gemelos. Mas comienzan a ocurrir cosas horripilantes, torturas a los allegados y familiares, situaciones de angustia de la madre e incluso crímenes. Niles razona: el causante es su hermano, Holland, que es un perverso. Pero Holland no existe; en verdad el siniestro, el malévolo y cruel es Niles, que usa al hermano que murió para justificar la atroz condena de la inocencia. Juan José Millás me contó que no sabía colegir en verdad que programaba la presencia adversa a su alrededor, si dirigía su conciencia hacia el rigor personal o profesional o si eso es lo que le ocurre a los nacidos, que siempre hay un otro que acecha.
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