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En combate

La incursión de drones rusos en Polonia este miércoles, 10 de septiembre, ha sido el acto de agresión más grave producido contra un país de la OTAN desde su fundación en 1949. No obstante, el ataque, según Rusia, se produjo a causa de una interferencia electrónica. Vivir en la frontera tiene sus riesgos. Lógicamente, Varsovia no se tragó la exculpación y consideró intencionada la violación del espacio aéreo: Putin, envalentonado tras su viaje a la totalitaria China, quería medir la capacidad de respuesta de la OTAN. Y vaya que respondió: los drones fueron derribados por F-16 polacos y F-35 holandeses con el apoyo de sistemas de radar aerotransportados italianos y misiles antiaéreos alemanes. Para pensárselo la próxima vez. La Alianza, declaró su secretario general, Mark Rutte, defenderá cada pulgada del territorio OTAN.

Horas después de la provocación rusa, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, abría el discurso sobre el estado de la Unión con un clarificador “Europa está en combate”, refiriéndose, de soslayo, al amenazante clima bélico, y a la defensa de valores, democracia y libertad en el marco de “un nuevo orden mundial basado en el poder”. Europa, afirmó, tiene que luchar por su lugar en el Mundo, en el que muchas grandes potencias son ambivalentes u hostiles hacia Europa. Pero, ¿estamos a tiempo, Ursula? ¿Tiene cura la cuna de la civilización occidental sumida, en la actualidad, en un nihilismo enfermizo? ¿Merece salvarse una sociedad en caída libre intelectual y que desprecia la alta cultura?, se pregunta el escritor y analista político David Rieff. ¿Hay salida sin poesía, sin libros, sin alma, sin belleza? ¿Es posible tu empeño, Ursula, en medio de un ecosistema intoxicado por las redes sociales y servil a la consigna ideológica, al utilitarismo y a la directriz económica? ¿No crees que hay demasiado ruido? Bien es verdad, dices, que hace ochenta años Europa era el infierno en la Tierra, que hace cuarenta estaba dividida por un muro y que, ahora, toca seguir luchando por un futuro mejor. Es verdad, presidenta. Loamos la esperanza. No obstante, la ciudadanía está cansada de bregar por un futuro que no va a mejor. O eso parece. El infierno continúa instalado en el Mediterráneo, cerca de Lampedusa; en la Ruta atlántica, cerca de Canarias; en Ucrania (Europa oriental) y en la insoportable Cámara Baja de España. En cuanto al muro, ahora se ha multiplicado. Decenas de murallas digitales cancelan, insultan, lapidan y bla, bla, bla.

Jorge Manrique, en el siglo XV, lamentó la cruda realidad del prepotente ser humano en unas coplas imperecederas. La primera retrata la fugacidad de la existencia instalada en la Caverna de Platón: “Recuerde el alma dormida, / avive el seso y despierte / contemplando / cómo se pasa la vida, / cómo se viene la muerte / tan callando; / cuán presto se va el placer / cómo después de acordado / da dolor; / cómo a nuestro parecer / cualquiera tiempo pasado / fue mejor”.

Los golpes despiadados sobre la mesa son inherentes al transcurrir. Los africanos suelen pasar desapercibidos. No mecen ninguna cuna internacional ni merecen atención social. Otros copan el máximo interés por hache o por be. La prioridad de Benjamin Netanyahu es acabar a toda costa con Hamas. Y luego, entre múltiples barbaries, están los asesinatos a tiros por divergencias de ideario. El último, Charlie Kirk, responsable y cofundador de la organización conservadora juvenil Turning Point USA. Con Trump topamos y aunque apaches y rostros pálidos no tardan en condenar el crimen, desaprobando el aumento de la violencia política, consecuencia de la bipolarización, festivas meadas de odio enfangan la Red.

El rey ha muerto. Viva el rey.

Ilustración: María Luisa Hodgson
Ilustración: María Luisa Hodgson

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