Durante la madrugada de este domingo se atrasa el reloj una hora: a las 2.00 serán las 1.00 en Canarias. Dormiremos un poco más, aunque no todos lo notarán igual. Este pequeño cambio, que marca el inicio del horario de invierno, no solo afecta a los relojes, sino también al ritmo interno del cuerpo, encargado de regular los ciclos de sueño y vigilia.
Para la mayoría de las personas, la adaptación será rápida y apenas se percibirán molestias. Sin embargo, algunos pueden experimentar cansancio, irritabilidad o dificultades para concentrarse durante los primeros días.
El neurólogo Juan José Poza explica que el reloj biológico, ubicado en el hipotálamo, “tiene una periodicidad cercana a las 25 horas y se ajusta diariamente gracias a la luz, especialmente la que recibimos al despertar”. Según detalla, “la luz solar es la que pone en hora ese mecanismo interno; de lo contrario, tendería a retrasarse progresivamente”.
Esto explica, por ejemplo, lo que sucede en algunas personas invidentes, cuyo reloj interno puede desincronizarse, provocando que se acuesten y se levanten cada día un poco más tarde.
Respecto a los efectos del cambio de hora, el especialista aclara que “no existe un consenso universal sobre su impacto”. En general, sus consecuencias son leves, aunque quienes sufren trastornos del sueño, así como niños y personas mayores, pueden notarlo más.
“Hay variaciones individuales”, señala Poza. “Algunos se adaptan sin problema, y otros necesitan un poco más de tiempo. Lo habitual es que en uno o tres días el organismo recupere su equilibrio”.
El debate sobre mantenerlo o eliminarlo
El debate sobre si mantener o eliminar el cambio de hora sigue siendo un tema recurrente en Europa. En 2019, la Comisión Europea propuso acabar con esta práctica, aunque los Estados miembros no lograron llegar a un consenso. En aquel momento, una encuesta a 4,6 millones de personas reveló que el 84 % estaba a favor de suprimirlo.
Ahora, Bruselas ha reactivado la discusión después de que el Gobierno español planteara nuevamente el asunto, argumentando que el ahorro energético es mínimo en comparación con el impacto negativo sobre la salud.
Mientras tanto, varios países ya han optado por dejar de modificar sus relojes. Rusia, por ejemplo, mantiene el horario de invierno de forma permanente desde 2011. Turquía decidió en 2016 conservar el horario de verano todo el año, y en lugares como Islandia, China o gran parte de África, los relojes no se ajustan nunca.







