El lapsus de Yolanda diciendo que habrá Gobierno de corrupción para rato ha generado risas en los escaños del Senado y en los asientos de la grada general de un país ansioso de que le cuenten un chiste. Es normal. No hay que buscar los ejemplos del y tú más para apagar las carcajadas porque no son comparables. La mayor parte de los mal llamados lapsus que cometen sus señorías son errores de sus asesores, que son tan ignorantes o más que ellos. Lo de Yolanda nada tiene que ver con eso. Ha sido una confusión espontánea que todo el mundo estaba deseando oír. Casi al mismo tiempo, se ha producido la intervención de Mirian Nogueras en el Congreso y su frase demoledora ha sido trending topic, pero sin risas. Ha hecho un brillante juego de palabras con el cambio de la hora y la hora del cambio que demuestra que la finura parlamentaria aún no se ha perdido. Ayer, Lola García lo analizó en La Vanguardia comparándolo con el cambio de tercio, cuando los clarines suenan en la plaza para anunciar que salen los banderilleros. Las banderillas no matan pero molestan y arden en la piel del astado. De cualquier modo, en la fiesta cada cambio es un aviso de que se acerca el final. Lola dice que el pacto no peligra, y así lo creo yo. Como afirma Yolanda, habrá Gobierno de corrupción para rato, pero el distanciamiento de Junts de un pacto de progreso es cada día más necesario para un partido que tiene a su electorado situado en el sector conservador y que defiende postulados empresariales y sociales alejados de los deseos de la izquierda. Entonces, cobra sentido la frase de Yolanda, con reconocimiento de lapsus incluido, en contraposición con el apoyo incómodo que Junts le presta al susodicho Gobierno. Todo lo que viene a desequilibrar este tablero de los lapsus y las confusiones es la existencia de Vox que algunos aseguran incentivada por los socialistas. Son muchos los que dicen que se aferran a la ultraderecha y al franquismo como acción programática para conservar el poder. Para eso todo es válido. Es el principal objetivo de la política y cualquier medio que se ponga para alcanzarlo es legítimo, aunque nos rechine éticamente. Lo de Mirian Nogueras ha sido un toque de corneta y muchos esperan que se quede solo en eso. Lo de Yolanda es un chiste, un impase para generar una carcajada en medio de un drama. Algo así como la zapatilla que se le escapa a Rosalía cuando sale corriendo y deja el coche en doble fila, al estilo de Esperanza Aguirre. Avatares de la fiesta nacional.
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