Pese al alto el fuego en Gaza continúan las manifestaciones violentas propalestinas, como las registradas en Barcelona y Valencia este 15 de octubre, día que España vivió una jornada de protesta. Las organizaciones convocantes continúan exigiendo el fin de la ocupación y de las relaciones diplomáticas con Israel.
La agitación extramuros no anda muy lejos de lo que acontece en la Franja. El amanecer histórico para un nuevo Oriente Próximo que auguró Donald Trump no parece tan lúcido. A la tregua todavía hay que cogerla con algodones. La exaltación que vivió el Knesset en Jerusalén fue a todas luces desmesurada. La adrenalina subió más de la cuenta. Los abrazos de los reencuentros hoy se tiñen de tensión al retrasar Hamás la entrega de cadáveres.
Mantener la paz es prioridad, aunque la inestabilidad en Gaza podría desembocar en una guerra civil. Lejos de amilanarse, el Buró Político de Hamás ha promovido enfrentamientos internos y ejecuciones a colaboracionistas que apenas han despeinado al Occidente crítico con Netanyahu.
Ahora que España celebra con más ruido que nueces los cincuenta años de la muerte de Franco y, por extensión, condena de nuevo los cinco fusilamientos del 27 de septiembre de 1975 a tres integrantes del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP) y a dos de ETA, la estentórea muestra de fanatismo en la plaza pública gazatí no merece reprobación. La sentencia letal contra quienes «traicionaron a la patria y al pueblo», es un mal necesario. Malditos verdugos, malditas purgas y maldito cinismo. «¿Por qué? ¿Por qué?» gime desesperado José Luis antes de ser llevado a rastras para consumar el garrote vil a un pobre desdichado. Memorable secuencia final de García Berlanga en una de las mejores películas españolas de la historia. Lástima que se rodase en blanco y negro en 1963. Demasiado vieja para la polarizada revolución contemporánea.
El sheriff Trump,grotesco dueño del Mundo amante de sí mismo y del placer de hacer por hacer y deshacer, tuvo sus minutos de gloria ante la comunidad internacional dejando a María Corina Machado en un segundo plano. Objetivo cumplido y a la cama encantado con su vaso de leche fría y sándwich de crema de cacahuetes. Mejor eso que nada, dicen. El imposible desarme y la papa caliente se la comerán luego cascos azules e idéntica infancia acribillada por gatillos fabricados en Irán, China, Rusia y Corea del Norte. Repugnante todo.
El movimiento militante islamista (y terrorista) Hamás, controla la Franja de Gaza desde 2006 y, difícilmente, caerá. Su carta constitucional aboga por la destrucción de Israel y el establecimiento de una sociedad islámica en la Palestina histórica. Algo parecido a los sueños de Pedro Sánchez pero sin Alá de por medio. Su cruzada, entre chistorras, soles y lechugas, pasa por controlar al poder judicial y al periodismo crítico, por eliminar a la fachosfera y a Isabel Díaz Ayuso.
Interesa el conflicto allí y acá. Es consustancial a la naturaleza del ser humano instalado en la poltrona. Incluso la palabra se tiñe de iniquidad, esas palabras de bocachanclas ajenas a la beatitud de atardecer en hamaca con vaso güisqui y ausencia de infamia. Lo expresó en verso, parecido, Luis Feria. Quizás por eso deseó más de una vez escribir en los aires. Penoso el ataque de Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, hacia Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia Española, en el Congreso de la cosa celebrado en la ciudad peruana de Arequipa. Hasta Álvaro Pombo (y de Álvaro Pombo me fío) recriminó al faltón viudo de Almudena Grandes.
Solo el oboe de Gabriel calma las lanzas guaraníes y los mosquetes de infantería.



