de remplón

La meditación marca tendencia

Según estamos viendo, la meditación se ha instalado en nuestros hábitos. Hay técnicas de meditación en movimiento, que nos exigen estar en el presente, imbuidos en una concentración constante y atentos al proceso respiratorio, que requieren la máxima presencia, y que anulan las tensiones del pasado y las ansiedades del futuro. Es el eterno presente. Existen otros métodos que requieren más quietud, un banco adecuado que facilite una correcta posición del cuerpo, un cojín o una almohada. No es difícil ver a gente por la calle con la esterilla bajo el brazo, el ánimo arriba, ropa para la ocasión y zapatillas deportivas. Calma y tabaco, Nicolás, decía el gran escritor canario Pancho Guerra en uno de sus geniales relatos. Ante la existencia, calma, apuntaba también Ortega y Gasset que, como bien sabe mi amigo Antonio Salazar, es el filósofo más citado y menos leído.


En fin, que la búsqueda de la llamada paz interior está a la orden del día. La meditación neutra está liberada de fines espirituales y es de uso común en algunos gimnasios, si bien el budismo está considerado por algunos autores como una psicoterapia, una sabiduría y una religión, todo por el mismo precio. Lo que pasa es que el budismo busca la aniquilación del ser, el no volver a nacer en el samsara para no meternos de nuevo en la rueda incesante de sufrimientos; se busca la retracción y la vacuidad del yo, que todavía no sabemos lo que es. Con ello se quiere alcanzar un estado extraño, una tierra indefinida, un lugar llamado nirvana que, como el cielo, está por definir. También existen la meditación ignaciana y la carmelitana, que no buscan a bodhisattvas ni dioses intermedios, sino la oración de toda la vida y el diálogo sereno entre los diferentes acentos y creencias. Y si miramos más atrás, nos encontraremos con el hesicasmo de los primeros siglos de nuestra era, que nada tiene que ver con la vacuidad o la dilución del ser, sino con la tranquilidad que todos anhelamos en medio de este gran esperpento que nos ha tocado vivir.