El personaje que interpretó Max Von Sydow en Minority Report (el director Lamar Burgess) justificó su éxito por la prevención. Apresar a los malhechores antes de que cometan sus fechorías libra a la bella sociedad de indeseables. Ese proceder señala la más aberrante de las acciones públicas. Donald Trump en su cumbre cuando encarcela a inmigrantes indiscriminados, cuando cerca ciudades con policías y el ejército o cuando hace suspender programas o a expulsar periodistas de los medios que son críticos. Así (en la película) el Jefe John Anderton (Tom Cruise) se rebeló. Descubrió informes contradictorios para actuar. De donde, si de ese modo opera el sistema, el sistema falla. Es decir, las acciones indiscriminadas de Trump no solo afectan a la democracia sino que atañen a todos los ciudadanos (los propios y los allegados) del país. Conforme a esos presupuestos, nadie es inocente ante quienes dominan la maquinaria caprichosa de las conjeturas. Lo que la película de Spielberg plantea (y sería bueno que la volvieran a poner en las pantallas de EE.UU.) es que ningún hombre puede ser condenado de antemano, ni por prejuicios religiosos, racistas, políticos…, ni por ser negro, árabe, periodista rebelde, inmigrante con carta de naturaleza, niños que han de ser separados de los padres, por hablar español o por ser el jefe de la oposición. En semejante trampa basa su estrategia el absolutismo que señala directamente a la dictadura o a la opresión. En esos casos no importa la verdad, la diferencia, la libertad o los derechos. Los juicios de los susodichos son siempre previos, y sin defensa del señalado. Lo que esa impúdica trinchera marca es lo que el escritor italiano Antonio Tabucchi llamó la “información indiscriminada”, esa que personajes como el citado imponen desde su monstruosa posición. Porque lo que sabe es que, por lo común, una parte importante de la burguesía baja o media se mueve por impulsos mediáticos contra los que no hay respuesta ni se separan las excusas sin previsión. Es falaz, porque todos los humanos de esta parte del mundo somos culpables. Los derechos humanos están condenados porque los oligarcas se han atrevido (sin pena) a usar los mecanismos del Estado para aniquilar conforme a los intereses marcados. La dignidad está tocada. En EE.UU., en Israel o en Rusia los impares elegidos (Trump, Netanyahu o Putin) desprecian la estaca ética de Spielberg. Entonces lo que ocurre en América del Norte, Palestina o Ucrania no es solo un sinsentido sino una postura execrable. Los contrarios han de ser sojuzgados, reprimidos, difamados o muertos (Rusia) por las razones de ese infausto modelo. Ha de buscarse al revoltoso, al crítico, al inmigrante ilegal, al periodista consecuente. Siempre lo encontrarán. Por la ley de los apriorismos tendrá nombre. La tortura anunciará el crimen ante el sujeto en cuestión, conforme a ese Estado. Así lo aduce Minority Report, fulanito de tal es incuestionablemente culpable.
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