tribuna

Libros cruzados

Cada vez que voy al teatro el tiempo se detiene. Lo que pasó antes de entrar a la sala y lo que pasará después, pertenece a una vida ajena a este presente en el que yo soy una espectadora que observa el escenario aún vacío, ansiosa de saber qué pasará. Parece magia. Es magia, porque mago era aquel que afirmó que “el teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana”. Eso dijo el gran Federico y tenía razón, y es que cada vez que recuerdo esa frase veo cómo las palabras se desprenden de la hoja y vuelan y caminan y pasean vidas y emociones como si de verdad pudieran caminar y vivir y emocionarse. Las palabras son así. Mágicas. Como el teatro. Y menos mal, porque si no, solo hay trabajo y ruido y fatiga y un día tras otro y el trabajo y todos los íes infinitos. Menos mal que en medio del caos el arte es un río de colores, y hay un silencio y un libro que cuenta historias y versos, un libro de palabras deseosas de huir de entre las páginas y ser teatro y vida. Menos mal.

Cada vez que voy al teatro el tiempo se detiene. Porque el teatro es el misterio, la sorpresa, el viaje y el deseo, es la belleza, los sueños imposibles, las preguntas y todas las respuestas. El teatro te sacude y te llena de un presente atemporal, como si la vida fuera eso que ahora sucede ante tus ojos: el llanto, el amor, la risa, la duda y los abrazos. Esa es la magia. Libros cruzados es una obra mágica. En ella la palabra es luz, el camino que une todas las historias, la excusa para cuestionarse una vida que es solo una, una oportunidad, un único papel protagonista.

Libros cruzados es el título del espectáculo que celebra los cuarenta años en escena de la compañía Delirium Teatro, es el delirio que contiene todos los delirios. En la obra, escrita por el dramaturgo Antonio Tabares, el personaje central es la literatura, el eje vertebral de la trama, en torno a la cual, todo gira. Un libro abandonado cobra vida gracias a la lectura que van haciendo diferentes personajes, de tal manera que lo que ocurre entre las páginas les obliga a cuestionarse, a reflexionar, a repensar lo que sienten, a adivinar el amor y también el desamor. En esa lectura surge el poder de la literatura, y es entonces cuando Ana Karenina viaja al siglo XXI para hablarnos y desnudar su historia, sus dilemas, sus deseos, de forma que no hay tiempos ni siglos que separen el ayer de este presente, porque Ana conversa con nosotros incluso hasta más allá del llanto. La heroína realista se revuelve inquieta, se cuestiona y desea y duda y desea ante la mirada atenta de un público que se muestra inquieto, porque su duda también es nuestra, porque el deseo también nos pertenece y es que, a pesar de la brecha temporal, la emoción es la misma.

Libros cruzados es una obra que recupera la lectura como un acto de vida, como una acción imprescindible que, aunque nos aleja del presente, nos ayuda a volver a él con otra mirada. La lectura es arte, por eso, nos despierta del insomnio hasta lograr sacudirnos la inercia de lo cotidiano, nos limpia del gris y nos asoma al otro lado de las cosas, nos impide “cerrar un libro de golpe sin que importe qué página estás leyendo”. En Libros cruzados hay tantos libros como vidas, hay tantas preguntas en el aire que los personajes no pueden huir, sino que están condenados a permanecer en este teatro del mundo en el que el escenario todo lo llena, sin límites ni pared que separe ficción de realidad. Veinte personajes y doce actores y actrices protagonizan este desafío. Sus voces se atreven a hablar de literatura como si la literatura fuera amor, dolor, pasión y herida, como si la literatura fuera un peligro necesario, una amenaza que nos señala y nos abraza al mismo tiempo. En su delirio, el personaje de don Luis tiene todas las certezas, por eso se atreve a decirnos que “está bien que haya libros que nos recuerden las grandes preguntas. Y solo podemos responder a ellas con la vida”.

El teatro es magia, es poesía, es un libro que se despereza en un bostezo formidable llenándolo todo de luz y de palabras.

Libros cruzados aún está de gira, aún viaja de teatro en teatro gracias a Delirium teatro, a su director Severiano García y a todos los que hacen posible este proyecto mágico. Libros cruzados aún está de cumpleaños, porque los cuarenta hay que celebrarlos por todo lo alto, por todos los escenarios, por todas las vidas leídas y por todos los delirios.

Solo queda parar el reloj y entrar al teatro. Verás un libro abandonado en medio de lo oscuro. Y, de pronto, una luz. Entonces, “¿por qué no leer hasta el final?”.