Un mensaje de nuestro amigo Fernando Suárez Gámez nos trajo recientemente una noticia que nos dejó sin palabras: nos dejó José A. Delgado Luis. Pero no se ha ido del todo. Su voz sigue viva en cada página traducida, en cada nombre rescatado del olvido, en cada rincón de nuestras Islas que él ayudó a redescubrir. Gracias a Fernando, además, el año pasado recibimos varios ejemplares de una biblioteca levantada con décadas de trabajo, pasión y silenciosa entrega. José A. Delgado Luis, orotavense, traductor e investigador incansable, dedicó su vida a traernos -en nuestra lengua y nuestro tiempo- las palabras de exploradores, científicos y viajeros que miraron a Canarias con curiosidad, asombro y, a veces, incomprensión. A través de la autoedición, y con incalculables dosis de perseverancia, colocó su nombre junto al de René Verneau, Adolphe Coquet, André-Pierre Ledru, Charles F. Barker, Jacob Milbert, Sabin Berthelot, Leopold Von Buch, Thomas Debary, Alfred Burton Ellis, Isaac Latimer, William Robert Wilde y tantos otros que hoy forman parte esencial de nuestras bibliotecas públicas y personales, de nuestra memoria. Hoy, más que nunca, nos acercamos a un legado que no fue solo filológico e histórico. Fue un acto de amor. De auténtica y absoluta entrega. Un legado tejido con respeto, con fidelidad al detalle, con un compromiso profundo respecto al pasado de nuestra tierra. Y es, sin duda, un legado que no se apaga. Nos queda para leerlo, para enseñarlo, para continuarlo. A sus familiares y amigos, nuestro más sentido pésame. Gracias, José A. Delgado Luis. Por tanto. Por todo. Descanse en paz.
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