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Dos artículos

Decía don Pancho Cossío, no el de Los Toros (don José María), ni el pintor (don Mariano), sino el cronista, que en la vida hay que escribir dos artículos diarios, uno para vivir y otro para beber. Y tenía razón, en aquel Madrid de los sesenta, el Madrid de Chicote, de Ava Gadner y de toreros elegantes (Dominguín, Mario Cabré), a quienes la artista toreó convenientemente en la cama, mientras Frank Sinatra cantaba y lloraba en los casinos de Atlantic City. Aquel Madrid tiene veinte mil crónicas que ya han sido escritas y ahora subsiste otro Madrid que es más Europa que España, que de Madrid ya no queda sino un baile soso en un campo artificial, el día de San Isidro, que evoca la Verbena de la Paloma. Tampoco hay cronistas de Madrid, herederos de Umbral, de César, de Camba, de Díaz-Cañabate y de don Pancho Cossío, tipos de plumas afiladas, a veces barrocas y a veces tan España/cañí que parecían espejos de ella. Madrid siempre ha sido mi destino, pero la vida me quitó la casa, los cuadros, los muebles y hasta dejé en el camino un dibujo de Oscar Domínguez que compré en Arco, con su certificado de autenticidad, y tres maravillosos cuadros de un artista inmortal de la Plaza Mayor. Era cuando atábamos los perros con longaniza, pero aquellos tampoco me parecen hoy tiempos más felices y sosegados. Uno tiene que vivir las épocas que le tocan y seguir haciendo los dos artículos, que ya no son para vivir ni para beber, sino para mantener avivado el seso y que no te venga pronto la parca disfrazada de alzheimer, o como quiera que se escriba, aprovechando un carnaval de estos. Dos artículos diarios, decía don Pancho, y yo sólo hago uno, con lo cual difícilmente encontraré el camino del final de mes.

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