Una vez, en la desaparecida y popular Radio Burgado, pregunté a Ángel Isidro Guimerá, paz descanse, por la definición del culichichi. Ángel no se inmutó. Dijo: “El culichichi no tiene definición; tú los ves por la calle, caminando, y dices: ahí va un culichichi”. El sabio abogado y amigo, de inolvidable presencia en programas como El Perenquén, en Canal 7, nos dejó hace años pero yo siempre lo tengo en la memoria. Participaba en las tertulias mañaneras y eran muy celebrados sus comentarios sobre la política local y nacional. Una vez nos invitaron a los dos -y a algunos otros, Elfidio, Luis Mardones y más gente- a Escocia. Todos nos vestimos de escoceses menos Ángel, que suplió el traje tradicional de la región con un jersey con los colores que se usan por allí y una corbatita de pitiguay, también fabricada con tela de Escocia. Navegamos por el Lago Ness, sin ver a Nessie, a pesar de las ganas que tenía Ángel de que la cabeza del monstruo apareciera delante de nuestro barco, lo cual evidentemente no ocurrió. El sentido del humor del gran abogado tinerfeño era proverbial. Yo conservo varios ensayos de su padre, José Manuel Guimerá, que escribía como Azorín. Fue uno de los grandes escritores desconocidos de las Islas Canarias, al que no se le ha hecho justicia. Ángel Isidro era el propietario de los derechos funerarios de su tío, el poeta y dramaturgo Ángel Guimerá i Jorge, que nació en Santa Cruz y murió en Barcelona. Está enterrado en el cementerio de Montjuich. En una ocasión quiso trasladar sus restos a Santa Cruz, al panteón de hombres ilustres de Santa Lastenia, pero los catalanes se pusieron farrucos y encontró dificultades. No es raro que recuerde hoy a Ángel Isidro, porque siempre lo tenemos en la memoria sus compañeros de tertulias.
