Los elefantes de Jaipur están estresados y con falta de sueño. Pues mira que yo, que me he tenido que comprar el libro del médico colombiano. Hay una explotación en esto de cargar turistas. Veremos qué pasa con los dromedarios de la Montaña del Fuego o los de El Tanque, que los llevan a Arenas Negras. Menos mal que lo de la cabalgata de los Reyes Magos es una vez al año porque, si no, la protesta de Jaipur se quedaría en nada. Me imagino el estrés de un emigrante marroquí cogiendo fresas en un invernadero de Almería, pero eso no es denunciable porque no hay ningún partido como el PA que se haga cargo. Un elefante vale mucho. Aníbal cruzó los Alpes con ellos haciendo temblar a Roma. Ahora se me ocurre que Bárbara Rey, que estuvo liada con el emérito, fue domadora de elefantes en el circo de su marido, y Juan Carlos empezó su caída en Bostwana por haber matado a un paquidermo en compañía de Corina. Ahora escribe un libro que se llama Reconciliación. ¡Está la cosa como para reconciliarse! Esa palabra pertenece al tiempo pasado y ya no se lleva. Ahora estamos todos estresados, igual que los elefantes. En Londres hay una estación de metro que se llama Elefante y Castillo. Dicen que tiene que ver con Infantas de Castilla, que parecían elefantas por descomunales. Ahora también hay una infanta un poco elefanta, pero la gente parece quererla mucho. Hay charos para todo. Lo del estrés no está tan claro. El único que se queja de esa afección es el novio de Ayuso, que le ha dicho al juez que se va a suicidar y éste le ha contestado que se lo quite de la cabeza y hable con su abogado. Todas estas cosas me inquietan y me pongo a escribir para así evitar estresarme. Cada uno hace lo que puede para seguir viviendo. El que no se estresa es el lagarto okupa que vive debajo de mi nevera. Procuraré no molestarlo por si se estresa y me denuncia.
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