Hace cincuenta años, con la muerte de Franco, España se sacudió la dictadura, que no tardó en caer, y al galope de la Transición se legalizó el Partido Comunista, la línea roja, que cobra ahora actualidad con las memorias del rey Juan Carlos. La pregunta es si Mamdani, en EE.UU., es la espoleta incipiente de algo parecido en la autocracia de Trump, que cumple un año. Para un devoto del oro, semejante desdoro enturbia su destino.
No se ha elegido a un presidente, sino al alcalde de Nueva York. Pero es la capital del mundo. Zohran Mamdani, todo un fenómeno político, acaso portada del Time, nació en Uganda, que en los setenta fue pasto de la infame dictadura de Idi Amin, el Señor de las bestias -dos metros y más de cien kilos de peso-. Trump, el derrotado moral, hijo y nieto de migrantes, de abuelos alemanes, profesa simpatías hitlerianas. En cambio, el ugandés y musulmán norteamericano de 34 años, lejos de admirar al sanguinario dictador de su país de origen, es un demócrata socialista, un líder interseccional al que votan hasta los apóstatas del presidente peor valorado. Mamdani es discípulo del senador octogenario Bernie Sanders, que lideró en octubre a siete millones de manifestantes No Kings contra la deriva autoritaria del republicano. Las elecciones de mitad de período en 2026 tienen visos de estocada.
Somos testigos, estamos viviendo y contando un proceso histórico que marca el devenir del siglo XXI. Son horas de shock de los fervientes partidarios trumpistas en Europa y España -menos numerosos en Canarias-. El alcalde rojo de Nueva York y las gobernadoras demócratas de Virginia y Nueva Jersey son hechos palmarios y reales.
Pocos daban crédito a que un novato musulmán ganara en la ciudad natal de Trump, la de las Torres Gemelas, la del 11-S yihadista, la del infausto recuerdo de los atentados del Al Qaeda de Bin Laden. En un mundo de reversos, donde el golpista del Capitolio retornó a la Casa Blanca, se explica esa otra anomalía. La corbata delgada y el traje negro de este contramito de TikTok de izquierda humilló al magnate de azul marino y corbatas anchas red power. Mamdani, un migrante naturalizado, es el cisne negro de Trump, el deportador. Levantó la mano con tres anillos y salió como un millennial desprejuiciado a comerse la Gran Manzana. Su veterano rival, Andrew Cuomo, apoyado por Trump, quedó noqueado.
¿Será capaz Mamdani de levantarle el chiringuito al del tupé, todo ese tinglado, esa tramoya? Ahora, con las vergüenzas al aire, se sabe que hay un Trump de cartón piedra y un árabe a la grupa de la ola palestina, que robó la manzana hercúlea del jardín como en la mitología griega. Lo cual siembra dudas en la parroquia de advocación trumpista por si las manifestaciones No Kings contra la plutocracia se redoblan y los Mamdanis se prodigan metiendo el dedo en el ojo de los multimillonarios. No es el mejor cumpleaños presidencial de quien se jacta de bombardear narcolanchas o reabre los ensayos nucleares.
Ya pronosticábamos que aquella rebelión de Madrid que exportó en octubre las calles llenas de kufiyas a las principales capitales del mundo no eran millones de voces en vano, que algo se estaba engendrando. Mamdani no será el próximo candidato demócrata a la Casa Blanca porque nació en Uganda, pero se ha vuelto el faro disruptor de una izquierda decaída y de pronto envalentonada frente al tsunami Trump, al calor de consignas de alquileres baratos. En Europa coincide con otro lobo estepario coetáneo y centroprogresista, Rob Jetten, que abatió a Geert Wilders -todo un síntoma-, el Donald Trump neerlandés, odiador profesional de musulmanes como este profeta neoyorquino de la asequibilidad con barba recortada.
Una vez electo, Mamdani se irguió arrogante y desparpajado. Hijo de madre india y cineasta y de padre ugandés profesor de Columbia, desafió a Trump: “Escúcheme bien. Sé que me está viendo. ¡Suba el volumen! Nueva York seguirá siendo una ciudad de inmigrantes, construida por inmigrantes e impulsada por inmigrantes. Y, a partir de esta noche, liderada por un inmigrante.”
En junio, el canciller Mertz obsequió a Trump en el Despacho Oval con el certificado de nacimiento de su abuelo migrante, Frederick Trump, en la localidad alemana de Kallstadt. No le hizo mucha gracia.
¿Habrá réplicas del terremoto de Nueva York dentro y fuera de casa? ¿Qué repercusiones tendrá en España? La izquierda, ya sin la cuña de Junts, calibrará su obsolescencia a lo largo de 2026, en minoría parlamentaria, mientras Puigdemont se expone a experimentar el decaimiento de la amnistía en lo que le concierne. Si Feijóo tiene algo que ver, “arráyate un millo”, que diría el de “ánimo, Alberto”. El volantazo a la izquierda de Mamdani le ha roto la cintura frente a frente con Sánchez.
