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La degradación del ser humano

Matar a un niño o a una embarazada era más caro. Un fiscal italiano investiga a los organizadores y a los clientes del safari humano de Sarajevo, durante la guerra de los Balcanes. Millonarios y mafiosos italianos, que suelen ser los mismos, pagaban entre 100.000 y 200.000 euros por convertirse en francotiradores contra víctimas inocentes que sobrevivían en las calles de Sarajevo. Se trata de la más absoluta y criminal degradación del ser humano, de la perversión de una guerra absurda, injusta, cruel, que en Europa pasó casi desapercibida. El viejo y estúpido continente le dio la espalda a la masacre hasta que las organizaciones humanitarias advirtieron a los gobiernos que miraban para otro lado de la terrible crueldad del conflicto. Tuve ocasión de presenciar, a posteriori, sus secuelas y el relato de unos y de otros era terrible. Pero lo del safari humano supera todas las fronteras de la maldad. Los peatones eran cazados por los tiradores, que llegaban a Sarajevo en viajes organizados. El hombre, cuando se pone a imaginar crueldades, es insuperable, mucho peor que los animales, que lo hacen por instinto. Se sospechaba que los francotiradores eran soldados que disparaban contra el enemigo, pero no, eran turistas italianos que abatían a los inocentes en las calles de Sarajevo. Casi todas las víctimas salían de las ruinas en busca de algo que comer, de una botella de leche o de un trozo de pan. Los conflictos civiles son bestiales. En España, a muchos les gusta resucitarlos porque de lo contrario los olvidarían, en vez de recordarlos permanentemente y de estar desenterrando muertos de las cunetas; unos y otros son iguales de ruines. El ejemplo de los Balcanes es palmario: la capacidad del ser humano para la maldad es infinita. Hasta se pagan fortunas por matar a personas indefensas.