En el caso de Valencia, el desastre por las tormentas propició la cantidad de muertos que propició. Lo llamativo del asunto es que se sucedieron las prórrogas como en las películas de terror a la espera del suceso final y definitivo. Se cuenta como pródigo que, por lo que sucedió, habría de arbitrarse la condena. Porque se ha repetido, y no es cuestión de insistir, el presidente tal estaba muy ocupado para intervenir en consecuencia. Lo que pudo salvar vidas resultó un desastre. De donde el susodicho, por conciencia, por honor, por dignidad y por respeto, habría de haber respondido. Más de un año después continuó en el puesto, con excusas y más excusas.
Para este tipo de sujetos en esa sustancia se asientan los cargos públicos de hoy, pues los dignos representantes ciudadanos, los hombres siempre pagan por el error, que lo hubo. Para la ocasión no ocurrió. Continuó frío cuando los de allí instruyeron indefectiblemente el veredicto. De manera que cuando al PP se le fueron agotando las excusas, las encuestas no les resultan claras y sus votantes comienzan a fijarse en Vox, el ínclito dirigente nacional, el grande Feijoo, actuó. En dos días Mazón pasó de la gloria al infierno, de la resistencia a la caída. Y de ese modo lo expresó: la astucia del injusto dolor, enclaustrado, su núcleo duro y su familia al lado, que es como se resiste el sufrimiento. Eso queda, eso somos las personas cuando no asumimos lo que la vida nos depara por actuaciones indebidas. En despiste (ya se ha dicho), y ello derrumba. Porque en su posición no solo se exige estar atento, sino que es incuestionable estar atento.
Eso obliga al presidente autonómico y al de la nación por más comidas divinas que se encuentre por el camino. ¿Y ahora qué?, es la pregunta. La trampa manifiesta en la que se ha enredado el PP. Los lamentos, las protestas, las tomas de posición (por ejemplo, “dimisión, dimisión” y otras palabras concluyentes) se desparramaron alrededor, muchas. Pero desde esas filas se teme. ¿Qué? Que lo que fue gloria se convierta en tormento y gobiernen los que ocuparon la oposición. Eso siempre a los del PP les duele. De modo que se resiste un parabién esmerado, aunque no cuenten con mayoría; es decir, pedir el apoyo debido para la sustitución del condenado, o lo que es lo mismo Vox. Imposible, como pide el pueblo y toda la clase política excluida unas elecciones anticipadas. Tal cosa no cumple con sus expectativas. ¿Ante qué nos encontramos? No tanto ante el candidato que pueda cumplir con suficiencia y compromiso lo que queda de la legislatura, sino un candidato de consenso, esto es, el candidato que le interese, le venga bien y se sume a sus registros y posiciones de Vox. En semejante espanto han convertido Mazón y su PP a la política, hasta ese punto ha llegado la ignominia cual se verá.
