después del paréntesis

Los pobres

Los datos que publicó este periódico, DIARIO DE AVISOS, resultan apabullantes. En primer lugar, la nombrada “pobreza severa” afecta a unos 225.000 canarios que viven con una cantidad aproximada de 650 euros al mes. Lo cual limita, de manera ostentosa, las posibilidades de vida de esas personas. Tanto si se trata de sujetos particulares como si se trata de familias funcionales. Y lo que ello conlleva. Desde gastos de vivienda, comida, combustible (que no parece oportuno) y no digamos el esparcimiento. El segundo dato es, asimismo, conturbador: más del 31% de la población (cerca de 700.000 personas) se encuentra en riesgo de pobreza o de exclusión social. Lo cual nos lleva a situar las cifras. Si habitamos las islas unos 2.263.000 nacidos, casi un cuarto de los que en este lugar vivimos sufre semejante adversidad. Mucho, penoso. A añadir lo que los números señalan: si por mor del destino, Canarias resultara ser un país independiente, sería el más pobre de Europa. ¿Qué contienen semejantes cifras? Se supone que la economía del Archipiélago, basada en el sector servicios (86,83 %), y, como ha procedido a lo largo de los siglos (de la cochinilla al plátano), a sectores singulares y únicos, algo habrían de resolver los gobiernos que nos condicionan. Por extensión (queda dicho) el turismo, pero ahí no cabemos todos, de ahí las tasas de paro. Y lo que parece insoslayable arreglar, es lo que aportan los otros sectores a las economías avanzadas; aquí, sector primario 1,77%, secundario 6,67%, construcción 5,83 %. ¿Qué apañar entonces? Eso que se llama “diversificación” (con sectores expresos de la historia, como la agricultura, para una economía de subsistencia que ahora no es muy efectiva), la innovación y la sostenibilidad. ¿Qué nos retiene en el mundo con lo que manifestamos, el dicho sector turístico en el frente? Por los patrones que argumentan y sustentan el más preclaro y aclamado capitalismo. Sectores expresos de ganancia (y no de reparto, para el caso) con sueldos muy por debajo de los mismos sectores en el resto del continente. Por ejemplo, un cocinero común gana unos 1200 euros en nuestros hoteles. Si eso ocurre, la cuestión está en dotar a nuestro medio de empleos resolutivos, aceptables y reputados; todos los trabajadores, desde las clases más bajas a las intermedias. Incluso que la diferencia entre los grandes prebostes y esos proletarios no sea la que es en función de los dichos repartos. Pero eso en verdad no afecta al enunciado previsto. Lo que reafirma esta solvencia empresarial es que haya muchos visitantes y que gasten lo más que puedan, sin previsiones expresas sobre la calidad y otros artilugios (disfrute reputado de los bienes naturales, de la cultura o de la gastronomía). Ganancias al canto. De donde esos necesitados son los que señalan la consecuencia, los que determinan, explican y exponen lo que somos: país de propietarios diligentes. Los pobres son los que son; nadie los compra, pero tampoco los venden.