tribuna

Manzanas podridas y manzanas prohibidas

En esta burbuja divisiva de conmemoraciones cincuentenarias de la alta historia del país, quedaba sin celebrar nuestro medio siglo social, individual y colectivo, ya no el de los palacios, sino el de la gente de a pie. Nuestra generación.


Porque pasaron cosas trepidantes y teníamos derecho al inventario de nuestra felicidad. Del período 1975-2025 caben recuerdos antagónicos, no solo nostálgicos. Este mundo piensa en la guerra, aquel pensaba en la paz. Había una baja tasa de natalidad cuando llegamos nosotros, los que vinimos después de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, y lo hicimos en tromba, los ‘baby-boomers’, con ganas de comernos el mundo. La bohemia y la contracultura abonaban esa tesis hacia la libertad, paraíso y árboles con manzanas prohibidas. Ahora, en la España sórdida se habla de manzanas podridas. La corrupción.


Hoy mismo se concentran en Madrid Feijóo y Cia. contra las manzanas podridas del PSOE. Feijóo llama a Sánchez “manzana podrida”, rotos los puentes entre ambos, pero él no se mira en el espejo. Arremete con razón contra Ábalos y Koldo entre rejas y moviliza a los suyos con el viento de la infamia a favor. Pero hace alardes menguados de la condena al fiscal porque el culebrón Supremo de las irregularidades se le vuelve en contra. Además, es un éxito de Ayuso, que es otro ‘negociado’ del PP; él anhela montarse alguna gesta por su cuenta.

Aunque resulte denigrante y lo retrate verle mendigar proselitismos entre los empresarios catalanes para que convenzan a Junts de que le ayuden a derrocar a Sánchez, con esas maneras de seudodemócrata mercantilista. Junts es el muro de la censura. Feijóo, quién te ha visto y quién te ve. El cuadro más famoso de Magritte es un hombre anticuado con abrigo, corbata y bombín, y un muro detrás, con la cara oculta por una manzana verde que flota.


En los Ondas, el Gran Wyoming arenga contra quienes dudan, con la chulería de los señoritos de Los santos inocentes, si venir con lanzallamas o con motosierras.


Feijóo se olvida de las manzanas podridas de su cesta. Se olvida, clamorosamente, de Mazón, sustituido por un híbrido del PP y Vox, un espécimen político con futuro en España. Mazón sería una manzana esperiega, típicamente valenciana, del Rincón de Ademuz, también conocida como manzana de hielo, que es un nombre que le pega. Y se olvida de su presidente de la Diputación de Almería -heredad popular desde hace 30 años- y de una serie de detenidos por mordidas de obra pública, tenencia de armas y el primer caso delictivo de mascarillas en España.


En la última investidura, cuando Sánchez recordó el caso del hermano comisionista de la presidenta madrileña, Ayuso musitó “¡qué hijo de puta!”, y nació el grito de guerra del PP, “me gusta la fruta”. Hemos terminado hablando de manzanas podridas.


Hago un punto y aparte. Hace 50 años surgió de la nada Discos Manzana. La manzana de Magritte, que inspiró a Los Beatles y a Steve Jobs, sedujo también a Alberto Segura. Hablar de los años 70-80-90 es hablar de cuando éramos felices y no lo sabíamos. Alberto y Javier, los hermanos Segura, habían fundado una empresa generacional que devino una industria discográfica internacional, con Los Sabandeños de mascarón de proa. Las manzanas de una generación.


Las manzanas de Celia Cruz, la Sonora Matancera y la Billos en el baile récord Guinness del Carnaval en la Plaza de España, las que Alberto y mi hermano Martín vivían con un pie en Discos Manzana y otro en Radio Club de Paco Padrón.


En el Círculo de Bellas Artes, los hermanos Segura presentaron el libro de Alberto y el disco de Javier. Contaron las manzanas del recuerdo de esa época, arropados por clientes y fans de la factoría que generó una cultura musical inédita. Con Alberto tengo una cita en ATLÁNTICO TV. La vida le pasó volando al salírsele el coche de la carretera.


La marea de Discos Manzana saltó de las islas al Madrid de Tierno Galván, y llegó a la Cuba de Fidel. Hace medio siglo de su fundación en vísperas de la muerte de Franco. A Alberto lo detuvo la Brigada Político-Social y se las vio y se las deseó con el comisario Matute, cinturón negro tercer dan de judo, en los bajos del Gobierno Civil, que, al mes siguiente, interrogó al obrero de la OPI Antonio González Ramos, y lo mató. Al poco, otro agente disparó a Quesada, el estudiante, y murió en la universidad. ¿Saben acaso todo esto los jóvenes que secundan a Vito Quiles?


La música no amansaba a las fieras que invadían el campus universitario para prohibir a Lluís Llach. Vi al rector Fernández Caldas dimitir de la impotencia. ¡Teníamos tantas ganas de que llegara la democracia con zapatos nuevos! Y llegó con un disco de Manzana bajo el brazo.