Partiendo de la base de que el sistema judicial español es suficientemente garantista y el lawfare no es otra cosa que una palabra inglesa que casi ninguno sabe pronunciar correctamente, según dice Víctor Lapuente, el caso del fiscal general se ha zanjado con una condena mínima y una manifestación para movilizar a voluntades caídas en el desánimo. Los arquitectos del relato siguen a rajatablas el principio de que no hay mal que por bien no venga. Ya no sé si el problema está en la lucha por imponer el argumento o en la supuesta debilidad del sistema. Más bien creo que se trata de una batalla entre propagandistas, como se ha desarrollado siempre entre los totalitarismos de izquierdas o de derechas: el eterno enfrentamiento entre el fascismo y el socialismo, tal y como lo relata Antonio Scurati. Ya tenemos repuesta la vacante de la Fiscalía.
Es una mujer, experta en violencia de género, un flanco en donde estaba fallando el partido socialista después de los audios de los tres mosqueteros. Se llama Teresa Peramato y confieso que no la conozco de nada. Solo sé que es progresista, pero es normal si seguimos con la pauta de que cada uno elige a los suyos. Ignoro si con esto se cierra el capítulo del lawfare y nos dedicamos a promocionar una justicia limpia y fiable, como dice el ministro Bolaños, o esta mujer es una interina que estará ahí el tiempo suficiente hasta que Conde Pumpido reponga a García Ortiz, como sospechan algunos. Más bien creo que el conflicto quedará enterrado aquí, pasaremos página y a esperar próximos acontecimientos. De momento Sánchez tiene que interpretar el papel del tenista que devuelve pelotas desde el fondo de la pista.
Le vienen una detrás de otra y tiene que usar una raqueta en cada mano. Las que proceden del contrincante son fáciles de contestar: para eso se aplica el manual de resistencia y el “y tú más”, pero las internas precisan de otro tratamiento, una volea, un globo o una dejada sin que se note mucho para que el gallinero no se soliviante. Veo a Juan Lobato por las televisiones haciendo alarde discreción, pero con una crítica velada a la acción de algunos de sus compañeros de partido. En el mismo sentido se manifiesta Susana Díaz. Hoy no son más que piezas decorativas en los platós de televisión, pero significan que existe alguien dispuesto a saltar al relevo en cuanto se dé la ocasión propicia. Se habla de comidas y cenáculos que no se pueden calificar de conspiraciones sino de alarmas entre los que las vienen venir. La primera confrontación electoral es dentro de unos días en Extremadura. Veremos qué sale de ahí.
El candidato no es muy bueno, pero no se puede poner a otro si se quiere mantener el pulso con el caso del hermano sobrevolando. En Valencia se piden elecciones con la boca pequeña porque las encuestas no son favorables y además no hay acuerdo entre Pilar Bernabé y Diana Morant. En cualquier caso, siempre está la amenaza de Vox en el aire y esto no se remedia fácilmente. Lo mismo sucede con el crecimiento de la ultraderecha en Cataluña.
Quiero decir que el debate del lawfare no tiene mucho recorrido y habrá que cambiarlo pronto por otra cosa si queremos salvar los trastos. Lobato dice que Sánchez agotará la legislatura y yo también lo creo. Lo que no dice es si va a mejorar su situación de cara a 2027. Igual en 2026 cae Maduro y a Donald Trump le dan el premio Nobel, como un corolario del de María Corina Machado.
