tribuna

Sobre Dios, Feijóo y Rosalía

Están los calderos al fuego. Porque termina el año, llega la Navidad y si dejan a Sánchez entrar en 2026 como Pedro por su casa, se entretiene en la Moncloa y teje una segunda vida, una resurrección.


Está de moda Dios. Como están de moda Cervantes y el Quijote con Amenábar y Muñoz Molina. Como lo está Simone Weil con Byung-Chul Han y Rosalía. Lo de la cantante, lectora de santas, seducida por la filosofía, es un disco celestial, que se titula con la palabra que reclama un mundo a oscuras: Lux (luz, en latín). La catalana ha dado en el clavo. Y en la cruz. Anunció su obra con un crucifijo en el retrovisor conduciendo por Madrid.


Pero España arde. El Congreso es como el Vaticano, donde se ponen zancadillas cuando eligen a un papa o cuando lo quieren echar. A Francisco lo zancadilleaba el diablo y se citó en Roma con Manuel Sans Segarra, el médico español que predica de las ECM en auditorios hasta la bandera. Dice Segarra que el papa lo convocó, se vieron, y hablaron a calzón quitado de Dios y la vida después de la muerte, como si Francisco se la oliera. A Rosalía le hubiera gustado estar en medio de los dos. Francisco escuchaba al médico español con atención y asentimiento. Segarra podría hacer un podcast con la cantante, que ha alumbrado un disco con cuatro estaciones, la partida, la gravedad, la gracia de Dios y la despedida (“la vuelta a casa”). O sea, una alegoría del nacimiento y la vida eterna pasando por la muerte.


En paralelo, mientras el papa hablaba con el autor de La supraconciencia, Javier Cercas se trabajaba El loco de Dios en el fin del mundo, el libro sobre Francisco en las postrimerías de su vida. Quería hacerle una sola pregunta -aunque le salieron casi 500 páginas- para su madre, con Alzheimer: si se iba a poder reunir con el padre difunto en el más allá, de ser cierta la resurrección. En el ínterin, Francisco hablaba justo de ese mismo tema con el cirujano digestivo jubilado y bestseller.


En la misa política de los miércoles, toca sermón en el Congreso. Y se habla de Dios (como llamaban a Felipe González). Sánchez es para el PP un dios dictador. Se cuestiona si Sánchez sobrevivirá a la puntilla de Puigdemont. Pero puede ser una muerte lenta y, entonces, Dios sabe cuándo convocará elecciones. La derecha recuerda por experiencia propia la marcha a cámara lenta de Franco (este jueves se cumple medio siglo) y desespera. La de Mazón, tras un año de la Dana, ha sido agónica y Feijóo ha caído en su propia trampa, prolongar los funerales autonómicos -si Vox accede-, a costa de negar a los migrantes menores de Canarias y al pacto verde en Europa, ese bochorno. Feijóo se lo pone fácil a Sánchez: invocas elecciones en el Congreso y las impides en Valencia. Le desacredita.


Algunas frases las carga el diablo. “No cuente usted conmigo para nada”, le espetó a Sánchez en la sesión de control al Gobierno. Y le amenazó de paso: “Yo no lo voy a amnistiar”. Se ha vuelto un cascarrabias. Pero a veces le sale el espíritu de Pablo Casado, como poseído por el predecesor, y entonces Ayuso se vuelve su némesis. Feijóo es a Sánchez lo que Ayuso a él, una enemiga que lo está esperando. Feijóo necesita elecciones urgentes o no llega. Parece que Puigdemont le ha leído el pensamiento, se sospecha que los dos negociaban algo, hasta que el abogado general de la UE bendijo la amnistía del de Waterloo, y Junts volvió a votar para agrado de Sánchez (sobre la vida de las centrales nucleares). 24 horas antes lo habían llamado “cínico e hipócrita”. Qué baje Dios y lo vea.
Un acuerdo de censura PP-Junts-Vox daría la vuelta al mundo como el disco de Rosalía, pues habría una parábola en todo ello: la legislatura empezó con Feijóo sublevado en las calles contra el PSOE por la pérfida amnistía a Junts y acabaría al revés. En Mateo 7:12 y Lucas 6:31, Jesús enseña a tratar a los demás como te gustaría que te trataran a ti, incluso a los enemigos. Es la famosa regla de oro.


Feijóo es un parlamentario flojo y torpón, al que Rufián tiene cogida la medida. Dijo el gallego que encargará a su futuro vicepresidente arreglar el tema de las viviendas -como Jesús en el milagro de los panes y los peces-. Pero Abascal, dándose por aludido, le aconsejó con desdén que no repartiera ministerios antes de tiempo, no fuera a pasarle lo mismo que en 2023. Demoledor.


Y llegó el Juicio Final. El juicio al Fiscal. “Me voy de España o me suicido”, fue otra frase memorable de Alberto González Amador (pareja de Ayuso), que litiga con el fiscal. Un juicio teatralmente absurdo. Un juicio sin pruebas. Un prejuicio. La sentencia se echará a la suerte, es una lotería, un acto irracional del bombo de Navidad.


De frases, prefiero la de Simone Weil en boca de Rosalía, el leitmotiv de su disco: “El amor no es consuelo, es luz”. Sánchez la ha felicitado. La cantante eligió ir a La revuelta de Broncano, en lugar de El hormiguero de Pablo Motos. Y la derecha la crucifica. Dios nos libre de tanto ponciopilato.