tribuna

Un tonto más

En todas las escalas de la sociedad hay rendijas por donde se cuelan los ineptos, los mediocres y los oportunistas. A las primeras de cambio te los encuentras ahí y te preguntas de dónde salió éste, por qué hueco se coló, dónde estábamos que no nos dimos cuenta. Esos personajes están agazapados esperando su oportunidad y son más frecuentes de lo que parece. Cuando llegan es muy difícil quitárselos de encima. Cómo se le pudo pasar por alto al Partido Popular un individuo como Mazón que empezó a comprometerlo desde el minuto uno, cuando armó un pacto con Vox sin que todavía fuera el tiempo para hacerlo. Pero la pregunta que colma el vaso es quién recomendó que el senador Miranda fuera en las listas y luego se encargara de lidiar el toro de Sánchez en la comisión de investigación, que es como poner a Belén Esteban a enfrentarse con uno de los morlacos que mataba Jesulín de Ubrique. Todas estas cosas me llevan a la conclusión de que buena parte de la resistencia del presidente del Gobierno se la proporciona la oposición.

Los españoles no se merecen un Ejecutivo endeble que les miente según la conveniencia del momento, pero lo peor es comprobar cómo la oposición hace el ridículo permanentemente. No sé si pensar que lo de Miranda ha sido un torpedo que le ha metido Ayuso a Feijóo en toda la línea de flotación. No se puede ser más tonto. La batalla política no se gana solo con la UCO ni con el Supremo, hace falta algo más. Por eso Vox le come la merienda a un PP que se la deja comer jugando al pierde. Hoy Lola García, en La Vanguardia, habla de zombis y los relaciona con la política. Dice que aumenta la afición por estos seres disparatados en los momentos de crisis, y debe ser así. El ambiente huele a zombi por donde quiera que lo mires. Sánchez está zombi, aunque resista, Feijóo anda con un pie dentro del ataúd sin saber qué hacer con un cadáver político como Mazón, mientras los demás están a la espera de que les toquen a las puertas de sus casas ofreciéndoles truco o trato.

El milagro español consiste en que con este panorama se pueda seguir sacando pecho con las cifras macroeconómicas. A la gente que no puede pagar el alquiler de una vivienda esto le debe importar muy poco. La vivienda es un problema sistémico que proviene en buena medida de planteamientos ideológicos errados, pero nadie se atreve a coger el toro por los cuernos, aparte de que ya es demasiado tarde y reponer la situación va a costar unos cuantos años, más de una legislatura. Son 20 años dejándola caer y ahora no se puede resolver en un día. Habría que preguntarse qué tienen que ver las agendas con todo esto, y si no han sido responsables del florecimiento de los extremismos.

Al final andamos todos como zombis, y en esa uniformidad de los disfraces es frecuente que nos metan gato por liebre, con todo el respeto para los gatos y para las liebres.