Si ya están aquí, ya era hora. Un científico de Harvard está convencido de que la masa 3I/ATLAS, que surca el espacio a unos 300 millones de kilómetros de la Tierra, es una nave espacial construida por alguien, con sus motores a propulsión, químicos o iónicos, y que no se trata de un cometa tradicional de hielo y de lo demás. El 19 de diciembre estará más cerca, aunque no genera peligro en absoluto: pasará a 269 millones de kilómetros de nuestro planeta y se mueve a una velocidad vertiginosa. Para el científico de Harvard, cuyo nombre ahora no me viene a la cabeza, pero que se trata de un hombre de ciencia de toda solvencia, el “artefacto diseñado”, con su anti cola que apunta al Sol, puede ser una sonda para investigarnos, lanzada desde muy lejos. ¿Por qué tendríamos que ser exclusivos en esos mundos? No es lógico y todo está condicionado por las dichosas religiones, que lo estropean todo. Efectivamente, hay un orden necesario, derivado de la moral, del buen uso de los recursos, una especie de derecho natural que debe regir nuestra presencia en este planeta. Pero no tenemos por qué ser los únicos y me parece pretencioso pensarlo. Puede haber más mundos y quizá lo infinito exista, aunque nuestro cerebro, tan limitado, no alcance a asumirlo. Avi Loeb, ahora recuerdo el nombre del físico de Harvard, ha dicho, no sin cierta ironía, que “lo mejor está por venir”, como sugiriendo que pronto –es preciso calcular las edades del contexto— estarán entre nosotros. Si no lo están ya. Yo lo único que deseo (evidentemente, no los conoceré) es que no sean demasiado feos, porque muchas cosas horrorosas encontramos ahora en nuestro pequeño mundo, por cierto cada día más insignificante. El 19 de diciembre, el Hubble y el James Webb, dos potentes telescopios, nos mostrarán lo que nos espera. Feliz Navidad.
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