En nuestra jerga -que no idioma, ni falta que hace, teniendo el español-, la palabra atracado significa agarrado, avaro, incapaz de gastarse un puto duro, usando como patrón de referencia la vieja moneda. Pues bien, un político tinerfeño, del PSOE por aportar el detalle, celebró su cumpleaños en el bar de un conocido tanatorio de Tenerife, porque le salía muy barato por persona, casi la mitad que en cualquier otra cafetería de la Isla. Con dos cojones. Ustedes pudieron ser algunos de los invitados a aquel ágape, la concurrencia que celebraba el cumpleaños del político socialista mezclada con los entristecidos familiares que despedían a un ser querido. Algo así como la crónica de la vida y la muerte, sobre la que un amigo acaba de escribir un libro (sobre la muerte) que a mí me da yu-yu, pero es que hay que vivir la muerte, aunque esta frase constituya, en sí misma, todo un oxímoron. Naturalmente que el cumpleaños aquel se convirtió en un cachondeo y quedó para la historia, pero es que ahora está tan cerca la vida de la muerte que algunos de mi edad no piensan en otra cosa que en la parca, quitándose a sí mismos las alegrías de la vida. Y entonces se pone a reinar la tristeza en nuestras vidas y el pesimismo se extiende por todos los rincones, cuando lo ideal sería vivir cada época con la ilusión que nos ofrecen las cosas pequeñas, adaptadas a los años de cada cual. Yo ya no puedo correr y después del covid y de las dos caídas sufridas me he descoñetado el esqueleto, pero incluso el dolor es bueno llevarlo con dignidad y con el garbo inevitable de quien renquea. Y en cuanto a lo de agarrado, ¿para qué quieren el dinero, para meterlo en la caja y llevárselo al cementerio?
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